Economía empática

Acelerar frente a la tormenta

Un nuevo recorte en el pronóstico de crecimiento se suma a la tormenta económica que augura un año complicado, duro e incierto. Tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como el Banco Mundial (BM) y los analistas del sector privado coinciden en que el crecimiento en 2017 será muy moderado: entre 1.2 y 1.8 por ciento. Todo esto en el contexto de la suba de precios de la gasolina, el incremento de los precios de productos básicos y la llegada a la presidencia estadounidense de Donald Trump, con sus advertencias proteccionistas y su postura radical de renegociar los acuerdos comerciales. En una cuesta de enero que no sabemos cuándo acabe, se sucedieron las subas, los malos pronósticos, las amenazas y la incertidumbre.

Es bien sabido que el crecimiento económico mexicano es dependiente y ha sido mediocre en las últimas tres décadas. No sólo no ha sido suficiente crecer a merced del impulso estadunidense sino que la crisis interna de la distribución de riqueza no ha permitido que se beneficien los más necesitados, con lo que aquello de “derrama económica” suena lejano y fantasioso. Lo más curioso es que no se trata de una novedad y que hay tantos diagnósticos como para empapelar la vuelta al mundo: sabemos de la pobreza, de la desigualdad, de la precariedad, de la exclusión, de la mala calidad educativa y de los miles de padecimientos sociales. Y sin embargo, las tormentas nos sorprenden siempre en nuestras mismas fragilidades.

Ante un panorama externo adverso, lleno de amenazas y complicaciones, el fortalecimiento de la economía interna no puede esperar: no alcanzarán los discursos sobre bondades milagrosas de las reformas que llegarán con el tiempo ni tampoco servirá la actitud conservadora de mantener la calma y esperar que la tormenta acabe. Al contrario, la especulación y el conformismo pueden profundizar la vulnerabilidad de una economía que se resiente por falta de dinamismo propio, por los problemas de competitividad y, sobre todo, por la escasa capacidad de maniobra que se origina en el atraso educativo.

La tormenta de ahora es gigantesca e impredecible. Pero es seguro que no se irá sólo porque busquemos refugio bajo techo o por confiar en algún milagro. Y para enfrentarla, necesitamos más que nunca acelerar los pasos hacia la innovación y la reinvención, hacia la competitividad y la economía creativa. Los milagros económicos no existen salvo que se los construya: cuando Finlandia estaba prácticamente en quiebra en 1993, luego de que se desmembrara la antigua Unión Soviética, aceleró sus pasos hacia el conocimiento, duplicó su inversión en ciencia y tecnología, y en menos de 15 años pasó de la ruina a la abundancia, con una economía próspera y una elevada calidad de vida para su gente.

En tiempos de crisis hay que actuar rápido. No sólo se debe invertir hacia adentro sino en forma estratégica en la generación de empleos, en obras de infraestructura, en la ciencia y la tecnología, y fundamentalmente en la capacidad de innovar. Reinventar la economía es urgente.

@hfarinaojeda