Economía empática

Recuperar el tiempo perdido

La incertidumbre desatada por lo que pudiera hacer Donald Trump, con sus amenazas que van desde un muro hasta el proteccionismo exacerbado, ubica a la economía mexicana ante la urgencia de replantear su estrategia en forma acelerada para hacerle frente a cualquier medida que pueda causar daño. Ante la consabida dependencia del vecino del norte, que es el destino de más del 80 por ciento de las exportaciones, una renegociación de acuerdos comerciales, una repatriación de migrantes, una restricción a las remesas o lo que sea que afecte el comercio bilateral puede ser un golpe duro para una economía que muestra síntomas de desaceleración y que está limitando su pronóstico de crecimiento para los siguientes años. 

Depender de un sólo mercado es un alto riesgo. Siempre lo fue, aunque parece que la comodidad de venderle al vecino y mantener un modelo exportador con poca diversificación pudo más que la visión de futuro. Y esto no es casualidad, sino que se percibe en casos como el petróleo, cuyos ingresos se creían eternos para mantener el presupuesto y en su declive han afectado a diversos sectores, pese a que se sabía que se trata de un producto finito con oscilaciones en el precio que no se pueden controlar. Como si la dependencia fuera una fuente de seguridad económica hasta que llega el momento de la amenaza y la caída, como si tuviéramos que sorprendernos de que el golpe nos deje a la deriva y sin reacción.

Estamos en un momento en el que hay que recuperar todo el tiempo perdido, todo lo que se ha descuidado en materia económica. El guiño de China es un ejemplo de la urgencia de fortalecer lo interno: si bien el país asiático se muestra amistoso para abrir su mercado a la producción mexicana, la falta de competitividad y la escasa diversificación de la oferta exportadora nos ponen ante la duda de si se podrá aprovechar la oportunidad o sólo nos resta agradecer el gesto de amabilidad. Para conquistar el mercado asiático o tan sólo para ganar destinos diferentes a los que se tienen se requiere de competitividad, lo que implica producción de calidad, innovación y mucha visión de negocios.

Es tiempo de acelerar los procesos para fortalecer la economía desde dentro. Hay que pasar de un modelo cansino y dependiente a uno en el que la innovación sea la principal arma competitiva. Y un paso fundamental es el de elevar la calidad de la mano de obra, para dejar de pensar en la fuerza de la manufactura y trabajar mediante el conocimiento aplicado. Con una fuerte inversión en la digitalización, con la formación de los recursos humanos, los técnicos, mandos medios, y con un incentivo para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, en poco tiempo se daría un salto competitivo que permitiría pensar en nuevas formas de producir, en nuevos productos y servicios, y en la posibilidad de llegar a mercados hasta ahora ignorados.

Todo lo que sirva para innovar, emprender y romper la dependencia es urgente. Y no porque se deba romper con el vecino, sino por la necesidad de protegernos de los proteccionistas.

Twitter: @hfarinaojeda