Economía empática

Debilidad en la fortaleza

El diagnóstico paradójico, contradictorio y certero dice que hay debilidad justo en donde debería estar la fuerza. Lo señaló la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE): el empleo seguirá débil en México hasta finales de 2018, lo que significa que menos del 60 por ciento de las personas con más de 15 años tendrá trabajo. Esta cifra es inferior al promedio de los países que conforman la OCDE, además de que en términos de la calidad del ingreso, es decir del salario que perciben los trabajadores, la situación también es precaria.

Uno de los grandes riesgos en la situación actual es que no sólo no se generen suficientes empleos, sino que la fragilidad laboral afecta sobre todo a los jóvenes, a quienes les cuesta conseguir una buena oportunidad. Y al limitar el ingreso de los jóvenes al mercado laboral se está desaprovechando la fuerza que puede renovar la economía en prácticamente todos sus frentes. Tener empleos débiles, precarios, informales e insuficientes justo en el momento en el que necesitamos el talento y la creatividad de los jóvenes es más que un síntoma pasajero: es una advertencia hacia el futuro.

En una economía que no logra romper el cerco del crecimiento mediocre, que no genera suficientes oportunidades laborales y que además mantiene en la informalidad a 6 de cada 10 trabajadores, el pronóstico de seguir con empleos frágiles hasta el siguiente año es un signo de estancamiento. Un empleo débil implica que no habrá mejoría en las condiciones, que los salarios seguirán raquíticos al tiempo que engorda el costo de vida y que la fuerza de trabajo queda supeditada -irónicamente- a la debilidad del mercado al que debe fortalecer. Y todo esto no ayuda en nada al ingreso ni a la distribución, por lo que ni hablar de revertir la pobreza.

El empleo de calidad es uno de los problemas fundamentales para la economía mexicana. Con la informalidad y con los salarios más bajos de América Latina, los que más padecen la situación son los que viven en condiciones de pobreza y requieren de oportunidades para vivir mejor. Es tan complejo el problema, que por un lado hay millones de personas con rezago educativo que no pueden acceder a los puestos bien remunerados, en tanto hay recursos humanos especializados que no encuentran puestos de calidad, por lo que terminan trabajando en lo que encuentren o emigrando en busca de mejores horizontes.

Que los niveles de empleo se hayan recuperado a como estábamos antes de la crisis de 2008-2009 es claramente insuficiente, pues sólo nos devuelve al mismo estado de precariedad. Lo que necesitamos es romper con el cerco del crecimiento mediocre y del empleo precario y mal pagado, para lo cual más que nunca necesitamos invertir en la capacitación de los jóvenes y en la generación de nuevos empleos, de trabajos del futuro vinculados al emprendimiento, la innovación y la creatividad. El mercado tradicional ya no puede ser inflado artificialmente. Es tiempo de pensar en oportunidades que nosotros mismos inventemos.

@hfarinaojeda