Economía empática

La cuestión de fondo: la pobreza

El descontento provocado por el incremento en el precio de las gasolinas no es para menos. La suba de precios nunca es popular, pero lo grave en este caso es que se da precisamente en un contexto por demás complicado: mientras hay una pérdida del poder adquisitivo, con una pobreza que afecta a cerca de la mitad de la población, con una situación de precariedad en la economía familiar y con la amenaza de un año difícil, con empleos que no alcanzan y salarios que van de mal en peor. Y ante un escenario de mucha pobreza, el detonante de la gasolina y todos los productos y servicios que ya se están encareciendo es prácticamente un certificado de empobrecimiento, ya que no mejoran los ingresos y todo cuesta más caro.

La pobreza prácticamente se ha mantenido intacta en las últimas décadas, pese a los intentos de revertirla. Los datos del Coneval dicen que son 55.3 millones de personas en condición de pobreza, en tanto cifras de organismos como el Banco Mundial refieren más de 60 millones. Lo cierto es que una buena parte de la población vive con recursos insuficientes para atender necesidades básicas como la alimentación, la salud y la educación, por lo que no tiene condiciones para protegerse del encarecimiento del costo de vida. El costo de los productos de la canasta básica, el transporte, la luz, los medicamentos, los útiles escolares: todo golpea, todo afecta y todo duele. Y los que más lo sienten, como siempre, son y serán los que menos tienen.

Para complicar más el escenario, los ajustes se dan cuando la economía mexicana se encuentra amenazada en varios de sus principales motores: tanto el consumo -debido a la pérdida de poder adquisitivo-, como las inversiones -sobre todo por las advertencias de Donald Trump-, así como las remesas y las exportaciones están en un trance complicado. Con una gran dependencia del mercado estadounidense y con el riesgo de que un discurso hostil se convierta en medidas proteccionistas y en un daño a los ingresos de México, pareciera que no sólo estamos ante un año  difícil sino que en permanente incertidumbre.

El gran problema a resolver no es el precio de la gasolina sino la pobreza de la gente. Es cierto que lo primero golpea a lo segundo, pero si se recuperan los ingresos de la población se puede pensar en enfrentar cualquier crisis. La cuestión de fondo pasa por saber qué estrategias se utilizarán para fortalecer la economía desde dentro, con miras a la generación de empleos de calidad, con salarios que cubran las necesidades y que permitan sobrellevar el encarecimiento constante de los productos y servicios.

Lo que urge es un giro de timón para hacer crecer la economía y lograr que la riqueza se distribuya fundamentalmente en los sectores más necesitados, en los postergados que siempre padecen todas las subas. Los parches y las medidas populistas no solucionarán un problema tan profundo como la pobreza. Lo importante son las familias, sus empleos, su ingreso y su calidad de vida. Ahí está el problema y ahí hay que trabajar.

@hfarinaojeda