Economía empática

La cuesta de 2017

Dicen que la inflación es el impuesto a los pobres. Porque son los que menos tienen los que más sufren con cada suba de precios, por ínfima que parezca. Y precisamente uno de los grandes  problema para 2017 será la inflación, es decir, la suba generalizada de los precios de los productos de la canasta básica. A la pérdida de poder adquisitivo de alrededor de 75 por ciento en los últimos 30 años, a los bajos salarios y los empleos precarios en un contexto de pobreza, ahora debemos sumarle la depreciación del peso frente al dólar, la incertidumbre por las medidas que tome el gobierno de Donald Trump y la liberalización de los precios de la gasolina, con sus posibles subas y consecuencias.

Como sabemos, el crecimiento de la economía y la generación de empleos en los últimos años han sido claramente insuficientes para atender las grandes demandas sociales: más oportunidades, seguridad, ingresos y empleos de calidad. Todo lo que se requiere para pasar de la condición de pobreza a un nivel de calidad de vida aceptable. Y en este contexto, una de las formas de contención del gobierno es el control de la inflación, cuyo tope establecido es del 3 por ciento al año. Sin embargo, las grandes condiciones no han cambiado, se sigue con una economía de repunte mediocre, con elevados niveles de pobreza y, ahora, el riesgo es que los precios se desborden y golpeen con fuerza a los que habitualmente reciben el mayor castigo: los pobres.

Los analistas privados consultados por el Banco de México estiman una inflación de 4.13 por ciento para el año que viene. Pero, en vistas del contexto difícil, un temor es que los precios rompan la barrera del 5 por ciento. Y uno de los fundamentos de dicho temor es que el sinceramiento del precio de las gasolinas desate una cadena de subas. Aunque la teoría indique que una mayor competencia en el mercado deriva en una reducción de los precios, en América Latina no ha habido buenas experiencias, ya que ni los monopolios estatales ni mucho menos el sector privado -que a menudo conforma oligopolios- han podido establecer valores justos. No se trata de caer en el alarmismo, sino de mantener bajo vigilancia lo que pasa en el mercado, a sabiendas de que los primeros afectados serán los ciudadanos.

Si hay algo que atender para evitar que la cuesta de 2017 se extienda en el tiempo es trabajar en la recuperación del poder adquisitivo, en mejorar los ingresos de la gente para que pueda hacerle frente a los tiempos difíciles. Se necesitan generar empleos de calidad en el corto plazo así como construir las bases para una economía más competitiva, organizada y planificada en el mediano y largo plazo. Por un lado, hay que estimular la obra pública, el desarrollo de la infraestructura y facilitar todos los emprendimientos que promuevan empleos de calidad. Por el otro, el compromiso grande es con la formación de nuevas generaciones que rompan con la dependencia del mercado laboral que explota y paga malos salarios. No será un año fácil, pero los grandes cambios se dan en tiempos de crisis.

@hfarinaojeda