Economía empática

La confianza, un elemento vital

La confianza es uno de los factores más importantes para el funcionamiento de la economía. Y en especial la confianza que tienen los consumidores, los que mueven el mercado interno y los que nos indican hacia dónde se proyecta una economía en su conjunto. En este sentido, los recientes resultados del Índice de Confianza del Consumidor, correspondientes a diciembre de 2014, dan dos aspectos interesantes: por un lado, la percepción de las familias sobre la economía se redujo 2.07 por ciento en el mes de diciembre -medido en forma mensual-, en tanto si tomamos los datos de 2014 frente a 2013, tenemos que no solo ha habido una mejoría en el último año, sino que la confianza del consumidor se encuentra en su mejor momento en los últimos 15 meses, de acuerdo a los datos del Inegi y el Banco de México.

Aunque estas mediciones son referenciales y se basan en percepciones, hay que analizar cómo se encuentra el consumidor en un contexto en el que se espera un crecimiento económico de entre 3 y 4 por ciento para 2015, en tanto se auguran los resultados de las reformas y hay una proyección oficial de que el sector energético podría recibir inversiones de 50 mil millones de dólares. Y hay que tomar en cuenta el anuncio de que se crearon 714 mil empleos formales en México en 2014 (cifra importante aunque insuficiente), así como los buenos augurios para la economía norteamericana que se espera tenga un buen año y con ello impulse a la economía mexicana. Hasta aquí hay buenos indicios pero esto no alcanza.

Como ya sabemos, los grandes indicadores no son suficientes y, sobre todo, en un contexto en el que el 60 por ciento de la economía es informal, lo que hace que los consumidores sientan lejanos y ajenos los beneficios que se anuncian en forma macro. Hoy tenemos ciudadanos que viven en la informalidad, con empleos precarios y salarios bajos, lo cual debemos tomarlo como un verdadero toque de alerta: un consumidor empobrecido es lo peor que le puede pasar a la economía.

Recuperar la confianza del consumidor es una urgencia pero debe venir de la mano de la recuperación del poder adquisitivo, de las oportunidades, los empleos y sobre todo la capacidad de emprender. El temor que genera la inseguridad, la falta de credibilidad en las instituciones, la informalidad y la falta de expectativas en los gobernantes no sólo ahuyentan la confianza, sino que pueden deprimir el consumo, espantar inversiones y afectar el dinamismo económico, así como pueden limitar una actividad vital: el emprendimiento.

Deberíamos exigir que la confianza sea la base de la economía, para poder emprender, innovar, tener un negocio o aventurarse con una idea que genere autoempleo. Que se pueda abrir una microempresa sin el temor de que la corrupción, la inseguridad o la burocracia acaben con la inversión, con las ganancias, la oportunidad y las esperanzas. La confianza debería ser un compromiso de todos los sectores, desde los grandes inversionistas hasta los pequeños consumidores. Hay que trabajar para recuperar la confianza, desde el sector en donde nos toque. Será bueno para todos.

 

Twitter: @hfarinaojeda