Economía empática

¿Mano de obra barata?

Resulta más que curioso que en un país que necesita empleos de calidad para combatir la pobreza, la presencia de mano de obra “barata” sea invocada como una panacea que logrará que inversiones extranjeras millonarias lleguen y se traduzcan en fábricas y empresas generadoras de riqueza. Y resulta curioso no porque no se necesiten inversiones, fábricas, empresas y empleos, sino porque una economía con salarios deprimidos, elevada informalidad y millones de trabajadores que sobreviven en la precariedad necesita estrategias para mejorar los ingresos de la gente y no sólo para darles una ocupación mal pagada.

La mano de obra mexicana es considerada como una de las más baratas del mundo, superando incluso a China. Y aunque lo barato puede ser tentador para la radicación de empresas interesadas en minimizar sus costos de producción, resulta demasiado caro para un país con 60 millones de personas en situación de pobreza, con una informalidad que ronda el 60 por ciento, y con una desigualdad tan grande que hace que 22 millones de personas vivan en pobreza extrema en el mismo territorio en el que el 1 por ciento de la población tiene una fortuna que equivale al 32 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Pagar miserias a los trabajadores no representa que se trate de mano de obra barata por motivos competitivos sino por la urgencia de trabajar. Con 32 millones de mexicanos con rezago educativo -es decir 1 de cada 4 habitantes-, el costo de las bajas remuneraciones se traduce en que por más que se esfuercen en algún empleo, millones de personas no conseguirán ingresos mínimos para satisfacer sus necesidades más elementales.

No se trata de mano de obra barata cuando lo que se hace es pagar miserias a los que necesitan un empleo o se ocupan en cualquier oficio con el fin de obtener ingresos. Tampoco podemos decir que sea barata cuando debido a la misma precariedad y a la falta de preparación, los trabajos carecen de calidad y debemos volver a invertir en ellos en poco tiempo. Abaratar la mano de obra no se paga con anuncios de inversiones extranjeras ansiosas de incrementar sus ganancias a costa de salarios famélicos. A la sociedad le resulta demasiado oneroso mantener elevados niveles de pobreza, pérdida del poder adquisitivo y una desigualdad que tiende a incrementarse.

Si en los tiempos de la industrialización ya era insostenible mantener malos salarios con la excusa de la mano de obra poco calificada, en la era del conocimiento esto es sencillamente impensable. Necesitamos una nueva economía que se base en la capacidad de la gente, en la innovación y en el conocimiento aplicado. Y por ello debemos invertir en el conocimiento y la innovación, en busca de empleos de calidad que contribuyan a solucionar el problema de los bajos ingresos.

Es tiempo de convertir a la mano de obra en la más calificada, la más creativa, innovadora y bien pagada. No deberíamos tolerar que sigan malbaratando la fuerza laboral, pues el precio ya fue muy alto y por demasiado tiempo.

Twitter: @hfarinaojeda