Economía empática

Invertir en la gente

Una de las provocaciones más interesantes que dejó el Papa Francisco en su visita a México fue la relacionada con la concentración del poder, la precariedad laboral y la ganancia fácil por encima de las personas. Francisco hizo un llamado a invertir en la gente antes que priorizar el lucro o la ganancia del capital financiero. Independientemente de la postura religiosa o crítica ante el origen de las afirmaciones, la provocación invita a pensar en destinar más atención a las personas en lugar de seguir alimentando un sistema de injusticias en el que pocos ganan mucho mientras que muchos sobreviven de lo poco y lo escaso.

En un país con una extrema concentración de la riqueza y de una extraordinaria exclusión de la mayoría de la población, que sobrevive en condiciones de precariedad permanente, no debería sorprendernos que la ganancia, la especulación y la utilidad se encuentren por encima de las necesidades de la gente. Si las acciones apuntan a la ganancia fácil y rápida, es lógico pensar en que la corrupción, los privilegios y la exclusión se hayan convertido en un sistema en el que todos buscan el control, el poder. Y es tristemente lógico que en un esquema como este, invertir en la gente no sea lo habitual, pues no se busca una mejoría colectiva sino una ganancia particular.

En un contexto en el que ni las oportunidades educativas ni las laborales son suficientes para atender las necesidades de todas las personas, debemos cuestionarnos no sólo por qué no se ha invertido en la gente sino cómo hacerlo a partir de ahora. ¿Qué significa invertir en la gente en el contexto actual? Lo primero de que debemos analizar es qué es lo más importante para que las personas logren una condición de vida digna. Y de ahí podemos establecer como prioridad la inversión en educación y salud, para que las personas puedan romper el cerco de la exclusión y posicionarse en un mundo en el que para tener oportunidades hay que tener la preparación suficiente.

Invertir en la gente implica una construcción lenta y segura del futuro del país. Lejos de la especulación y la ganancia fácil a cualquier costo, se trata de hacer de cada persona un ciudadano con conocimientos para enfrentar los grandes desafíos cotidianos: desde la generación de empleos y riqueza para mantener una familia, hasta la reconstrucción de la economía, la innovación y el cambio de sistemas obsoletos por mecanismos más justos. La inversión en la gente implica darles la oportunidad de no ser excluidos, de no quedar marginados en un mercado laboral que los obliga a competir, y de no quedar a merced de la precariedad o la corrupción.

Hay que planificar una economía de la innovación y el conocimiento en lugar de una de la corrupción, la especulación y los privilegios. Cuando veamos que se invierte más y mejor en la educación, la ciencia, la tecnología, la salud y la innovación, seguramente veremos resultados menos excluyentes. La economía es la gente, toda la gente, no sólo unos pocos. 

 

Twitter: @hfarinaojeda