Economía empática

Ingresos y limitaciones

El acceso a buenos ingresos es una de las necesidades más imperiosas para millones de familias mexicanas, pero esto no solamente no se ha logrado echando mano al crecimiento de la economía, sino que, al contrario, se ha llegado a un escenario de una disparidad tal que cuanto más riqueza hay, menos ingresos les tocan a quien más lo necesitan. No sólo nos enfrentamos al problema de que la economía no crece lo suficiente, sino que la distribución de ingresos y riqueza es tan desigual que mantiene a millones de personas en condiciones de pobreza, sin importar los grandes indicadores.

Para este año, además de que el pronóstico de crecimiento se ha venido recortando hasta quedar en un rango de 2.2 y 3.2 por ciento, conforme a los informes del Banco de México, hay una estimación poco favorable: el ingreso per cápita en México caerá a 8 mil 415 dólares en 2016, mientras que el año pasado fue de 9 mil 442, de acuerdo a los informes del Fondo Monetario Internacional (FMI). Es decir, del total de riqueza generada en el país, la que hipotéticamente le toca a cada habitante será menor. Y no sólo menor, sino que es el nivel más bajo desde 2009, el año que en más fuerte le pegó la crisis a la economía mexicana.

Lo de hipotéticamente viene al caso atendiendo a que el ingreso per cápita se calcula a partir de dividir el total de la riqueza generada en el país entre la cantidad de habitantes. Y es demasiado hipotético, pues sabemos que estamos en una de las economías más desiguales del mundo, en donde unos pocos multimillonarios concentran la riqueza, mientras más de 60 millones de personas viven en la precariedad de la pobreza. Entonces, si no habrá suficiente crecimiento y se reducirá el ingreso por habitante, imaginen lo grave que es esto para quienes ya sobreviven en la miseria, sin empleos de calidad y sin ingresos mínimos.

La crisis de 2009 fue un ejemplo claro de cómo funciona la desigualdad: una crisis causada por grandes capitales que golpeó con más fuerza a los pobres y que dejó más afectados entre los que menos culpa tenían. Los ricos se recuperaron en dos años y los pobres todavía no lo hacen.

Mejorar los ingresos de los más necesitados es una de las grandes urgencias por atender.  Y para ello debemos combatir las limitaciones que impiden que accedan a buenos empleos, buenas oportunidades y buenos salarios. La inversión social es clave para buscar mayor equidad: la salud y la educación deberían ser atendidas como factores básicos para la transformación de comunidades, así como el acceso a servicios, tecnología, carreteras e infraestructura. 

Una de las mejores maneras de nivelar los ingresos y combatir la desigualdad es la educación. Así lo entendieron los países nórdicos y hoy viven en las sociedades menos desiguales del mundo. Si en lugar de financiar sólo el capital invirtiéramos en financiar lo social, seguramente habría más créditos para microempresarios, para pagar una escuela o para darle formación a quienes necesitan y merecen un mejor empleo y mejores ingresos.

Twitter: hfarinaojeda