Economía empática

Ingresos e inversiones productivas

En medio de los malos augurios, de la devaluación del yuan, la depreciación del peso, la desaceleración de China y el anuncio de la recesión en Brasil, una buena noticia para la economía mexicana es el repunte de Estados Unidos, que tuvo un crecimiento de 3.7 por ciento en el segundo trimestre del año. Gracias a la recuperación de la demanda interna, el avance de la economía estadounidense superó las expectativas y parece encaminarse hacia mejores niveles de crecimiento. Esto es un incentivo para México, pues las exportaciones, el turismo y las remesas podrían mejorar y con ello beneficiar a una parte de la población.

La dependencia que tiene México de la economía estadounidense, destino de más del 80 por ciento de sus exportaciones, ahora representa un momento de oportunidad: mientras países como Brasil sufren por la caída de la demanda en los mercados asiáticos, los principales compradores de productos mexicanos se están recuperando. Depender de un sólo mercado no es bueno, pero la coyuntura actual parece sonreírle a los exportadores mexicanos, aunque la sonrisa sea más enigmática que la de la Gioconda. La tan ansiada recuperación del país vecino podría traer un impulso importante para México, sobre todo en un momento en el que la desaceleración y el riesgo de estancamiento son latentes.

Sin embargo, más allá de una buena oportunidad el problema por resolver es por qué pese a tener grandes fuentes de ingreso y ser la segunda economía más grande de América Latina no se ha podido minimizar la pobreza. Ni los ingresos por el petróleo y las exportaciones, ni el turismo ni las remesas han logrado trascender desde el flujo de dinero hasta la necesidad de la mayoría de la gente. En las últimas tres décadas México ha recibido aluviones de ingresos que debieron haber hecho de este país un escenario ideal para la calidad de vida, pero el resultado es un contexto en donde se incrementa la pobreza al tiempo que la riqueza llena contados bolsillos.

Hace falta pasar de la mera recepción de ingresos a la generación propia de riqueza. En el primer semestre de 2015 se produjo un repunte de 4 por ciento en las remesas, lo cual beneficia directamente a cerca de 1.3 millones de hogares. Pero pese a que México ocupa el primer lugar en ingresos por remesas en América Latina, esto parece solamente una bonanza momentánea que no se convertirá en riqueza a largo plazo. En un contexto de precariedad hace falta mucho más que un ingreso esporádico limitado: se requiere de una estrategia económica para que los ingresos se conviertan en inversiones que redunden en beneficio de la gente.

¿Es posible pasar de la generación de ingresos a las inversiones productivas? Lo hizo Noruega, a partir de la inversión estratégica de los recursos provenientes del petróleo: de un país pobre y atrasado se pasó a uno sin pobreza, todo gracias a que usaron sus ingresos para educar a su gente. Más que por buenos ingresos, deberíamos preocuparnos por hacer buenas inversiones: en la gente.

 

Twitter: hfarinaojeda