Economía empática

Informales y relativos


La informalidad en la economía representa uno de los problemas más complejos y su abordaje dista mucho del que a menudo aparece en los medios de comunicación, en donde se trata sólo de si un grupo de comerciantes cumple o no, o si deben ser perseguidos, sancionados o reubicados. Se trata más bien de gente que necesita empleo e ingresos pero que no encuentra oportunidades o no se acomoda dentro de lo que se denomina la formalidad. En medio de enredos burocráticos, de complicadas normas por cumplir o de sistemas poco confiables que parecen más preocupados por privilegiar a unos antes que incluir a los otros, la informalidad no es una excepción sino que en América Latina forma parte de la regla o es la regla misma.

En México, en el primer trimestre de 2016 se produjo un incremento de 1.5 por ciento en la informalidad laboral, en comparación con el mismo periodo del año anterior, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. De 28.7 millones de trabajadores en la informalidad en 2015, se pasó a 29.1 millones en 2016, de un total de 52.9 millones de trabajadores que conforman la Población Económicamente Activa (PEA). Es decir, más de la mitad de las personas empleadas no tienen seguro, prestaciones ni ingresos fijos. Esto indica que el mercado laboral no está generando los puestos que requieren los que se suman a las fuerzas productivas, tanto los jóvenes que buscan su primera oportunidad como los desempleados.

La informalidad en la economía no debería sorprendernos porque que se parece demasiado a como somos, con nuestra enorme capacidad de relativizarlo todo, de justificar lo injustificable o de interpretar las normas para que siempre estén de nuestro lado. Informales hasta la médula, se puede estacionar en doble fila “sólo por un rato”, llegar tarde porque los otros también llegarán tarde, atender primero al amigo en una dependencia pública o pasar por alto alguna regla a sabiendas de que puede que no lo noten, no les importe o lo vean como lo más normal del mundo.    Como metáfora de la informalidad formalizada, podemos ver locales establecidos en los que venden películas piratas. Es decir, ni formales ni informales sino relativos a intereses de autoridades de turno.  

En una economía desigual e injusta, con crecimientos acaparados por magnates y con exclusiones dolorosas que mantienen a millones en la precariedad y la pobreza, necesitamos pensar en la informalidad más allá de si pagan impuestos o no: hay que buscar estrategias de inclusión que favorezcan el emprendimiento, las microempresas y el autoempleo. Desde las facilidades burocráticas hasta la concesión de créditos, el gran problema a resolver es la inclusión de los trabajadores en un mercado que los incentive y los apoye. Y para ello no sirven las represiones o las medidas de “limpieza” que sólo esconden el problema sin intentar resolverlo.

El desafío es generar economías inclusivas e incluyentes, en donde se pueda trabajar sin estar a merced de la informalidad o la ilegalidad.

@hfarinaojeda