Economía empática

Desafíos de siempre

La condena de Sísifo, aquel que tenía que subir una enorme roca por la cuesta de una montaña y que, al llegar a la cima, la roca caía y el proceso se volvía a repetir…eternamente, parece una metáfora de la economía mexicana, condenada desde hace mucho tiempo a enfrentar, una y otra vez, problemas que no puede solucionar: la pobreza, los ingresos de las familias y la urgencia de generar empleos de calidad, entre otros. Con programas sociales, con reformas estructurales o con discursos rimbombantes, no sólo no se ha logrado un equilibro que favorezca a la gente sino que se ha llegado a un escenario en el que se incrementa el número de personas en condición de pobreza, los ingresos familiares son insuficientes y los empleos no alcanzan para todos ni son bien pagados. Es más, hasta pareciera que nos encontramos ante un Sísifo desconcertado en su condena, que en lugar de ir con la carga hacia la “cima”, amaga con ir hacia la “sima”, hacia un pozo profundo. Se han sucedido las administraciones, pero la pobreza sigue siendo un problema que no se ha podido resolver. Pese a los buenos momentos de la economía, al crecimiento y las inversiones, cerca de la mitad de la población se mantiene en precariedad. La desigualdad y la exclusión son prueba suficiente de que hay que inventar nuevas estrategias. Ni el crecimiento ni, mucho menos, la estabilidad son suficientes para combatir la pobreza y generar oportunidades. Hoy vivimos en el subcontinente con mayor desigualdad del mundo. Por ello debemos pensar en algo distinto para enfrentar los desafíos de la pobreza, el empleo y los ingresos. ¿Acaso debemos tomar el ejemplo de Finlandia y su inversión estratégica en ciencia y tecnología? ¿O seguir a Noruega en el uso planificado de los recursos petroleros o generar una revolución a partir de la inversión en educación como lo hizo Singapur? Podríamos pensar en la planificación y el orden de la economía de Suiza o en Chile y la construcción de una economía a futuro. Hay muchos ejemplos de combate exitoso a la pobreza, aunque los modelos no puedan ser directamente aplicables al caso mexicano. La pregunta de fondo es ¿cuál debe ser la estrategia para minimizar la pobreza? No basta con medidas de asistencia que terminen siendo parches que encubran parcialmente el problema pero no lo resuelvan. Tampoco basta con buscar indicadores de corto plazo que presenten mejorías transitorias que se perderán en el tiempo. Nos urge una nueva forma de enfrentar a la pobreza y la precariedad. Y un buen inicio sería la inclusión de la gente a través de la inversión social, para que la misma gente pueda construir un escenario distinto.

 

Twitter: @hfarinaojeda