Economía empática

Desafíos de fondo

El avance de la economía en 2014 nos ha traído más de lo que ya conocemos: una expectativa importante a principios de año, con un crecimiento pronosticado como bueno que, finalmente, se fue recortando para acabar en un estimado de entre 2.1 y 2.6 por ciento. Con el cierre de otro año con crecimiento insuficiente, la esperanza se proyecta a 2015, aunque el pronóstico de repunte de 3.9 por ciento se ve amenazado por la disminución de los ingresos petroleros, la falta de dinamismo interno, una menor actividad económica global, la inseguridad, la volatilidad del dólar, entre otros factores. Como ocurre desde hace décadas, al culminar un año se sabe que la economía quedó en deuda con la mayor parte de la población, en tanto se siguen arrastrando problemas de fondo que limitan el crecimiento y la posibilidad de minimizar las injusticias.

La receta clásica de tratar de mantener estables los grandes indicadores puede ser importante pero en el caso mexicano resulta claramente insuficiente. A la economía le hace falta audacia para pasar de cuidar la inflación, la inversión y vivir a la expectativa del precio del petróleo y de la situación estadounidense, a un estado en el cual la competitividad, la innovación y la permanente reinvención marquen las pautas. Hace falta encontrar la manera de que los grandes números aterricen en la pequeña economía de la gente, para que el crecimiento llegue a los pobres, para que la generación de empleos no solo se presente en lo cuantitativo, sino que implique calidad, estabilidad, buenos salarios y la oportunidad de
mejorar las condiciones de vida.

Un golpe de audacia para la economía es el que hizo Finlandia en el año 1993, cuando en medio de una crisis que prácticamente quebró al país decidió duplicar su inversión en ciencia y tecnología, con lo que pasó de una situación crítica a una de bonanza: en menos de 15 años los finlandeses lograron minimizar la pobreza y ostentar uno de los mejores indicadores de calidad de vida del mundo. Audacia es la de los noruegos, que a partir de haber encontrado petróleo en su territorio decidieron crear un fondo especial para educar a su gente. Ahora es uno de los países más educados del mundo, más prósperos, casi sin corrupción y sin pobreza.

Un desafío interesante para atender una cuestión de fondo es elevar la competitividad del país. Y es que mientras la atención se centra en los grandes números, sobre todo en el crecimiento, la economía sigue siendo poco competitiva, la calidad educativa sigue siendo baja, las instituciones no son eficientes, en tanto la innovación, la ciencia y la tecnología siguen siendo postergadas. Mejorar desde dentro, en sectores estratégicos como la educación, seguramente nos dará mejores resultados que los que se pueden presumir actualmente.

Hay desafíos importantes para la economía mexicana que van más allá de esperar vientos favorables. La competitividad, la innovación, la ciencia y la tecnología y, sobre todo, los recursos humanos son vitales para reinventar la economía y pasar de los números de siempre a los números de la gente.

 

Twitter: @hfarinaojeda