Economía empática

Credibilidad y confianza

Uno de los problemas más importantes a la hora de pretender iniciar una reforma, un cambio o proyecto innovador es la falta de confianza. Con una notable desconfianza hacia las instituciones, hemos llegado a un punto en el que se sospecha de todo, en el que parece que toda iniciativa viene con truco oculto, y en donde cada discurso genera la duda sobre el verdadero trasfondo o  la intención subrepticia en las palabras. Lo podemos ver en las cuestiones políticas, en la economía, en los problemas con la justicia, la seguridad y hasta cuando se trata de la prevención ante la amenaza de la naturaleza. Vivimos frente a instituciones en las que no confiamos porque se han ido socavando en su credibilidad durante décadas.

La amenaza del huracán Patricia es un ejemplo de la desconfianza: aunque las medidas de prevención, la naturaleza del terreno y otros factores contribuyeron a minimizar las pérdidas materiales y evitar una tragedia, inmediatamente se sucedieron las especulaciones, los rumores y la paranoia de ver cortinas de humo detrás de la prevención, de los informes de los medios o de cualquier declaración. Como si todo se orquestara solo con el fin de embaucar, de usar un truco para llamar la atención mientras se opera en las sombras. Esta percepción de que cada medida viene con engaño es fiel reflejo de la pérdida de la credibilidad y la confianza hacia las instituciones.

En este sentido, hace unos días el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), José Ángel Gurría, dijo que hay una caída muy seria de la confianza en las instituciones que se han creado en los últimos 100 años, lo cual afecta a presidentes, ministros, partidos políticos, multinacionales, el sistema financiero y los organismos internacionales. La capacidad de las instituciones de resolver problemas de la gente está en entredicho, porque la gente ya no confía en que el sistema puede resolver sus conflictos. Con esta situación, es difícil que cualquier iniciativa o proyecto tenga apoyo, pues se sospecha que no van destinados a la gente sino a intereses particulares, ajenos a la mayoría.

La confianza es un factor vital para el desarrollo de la economía y para la construcción de sociedades más justas. Es por ello que no debe extrañarnos que en países con altos índices de corrupción, con poca previsibilidad jurídica y con instituciones poco creíbles se tengan problemas graves en cuanto a la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades. Cuando no hay seguridad, cuando no se confía en las instituciones y cuando siempre se teme a que alguna medida política o económica termine perjudicando a todos para favorecer a algunos, entonces no se pueden incentivar la inversión ni el emprendimiento ni la creación de oportunidades justas.

No solo nos urge recuperar la credibilidad de las instituciones, sino construir un régimen de confianza, en donde los ciudadanos tengan certezas para estudiar, trabajar y vivir, y en donde no haya tanta especulación que solo favorece a algunos oportunistas.