Economía empática

Complicado y precario, como siempre

Complicación y precariedad parecen palabras infaltables en las publicaciones sobre la proyección de la economía mexicana en el corto plazo. No es casualidad que la confianza de los consumidores esté en su punto más bajo de los último seis años, a sabiendas de los anuncios de organismos internacionales que estiman una contracción económica de 0.6 por ciento en Latinoamérica, al mismo tiempo que se recorta el pronóstico de crecimiento para México, el peso se sigue depreciando frente al dólar, la inflación escapa de los límites y se proyecta otro año con problemas en la generación de empleos.

El contexto es difícil y para 2017 se espera un año “muy complicado” en cuanto al empleo, tal como lo advirtió el secretario del Trabajo y Previsión Social, Alfonso Navarrete Prida. Y como lo dijo el funcionario, la complicación no sólo radica en la desocupación, sino que hay millones de trabajadores precarios que obtienen ingresos insuficientes para hacerle frente a las necesidades básicas. Es decir, es complicado generar empleos en medio de condiciones adversas, pero hay una complicación mayor en cuanto a la precariedad laboral y salarial que afecta a los trabajadores.

En una economía que tiene a la mitad de su población en situación de pobreza, la generación de puestos de trabajo que representen una oportunidad de mejorar los ingresos es fundamental. Y si desde hace años se requieren de 1.2 millones de empleos por año y, en el mejor de los casos, se llega sólo a la mitad, además de que los salarios son bajos y la inestabilidad laboral grande, nos encontramos ante un escenario complicado para revertir la precariedad de millones de personas. Con un crecimiento insuficiente, una desigualdad que se ensancha y con una fuerte dependencia de factores externos, el panorama no es nada fácil, sobre todo para los que menos tienen y necesitan más.

Pero detrás de los inconvenientes coyunturales, una precariedad más profunda es la que afecta a las generaciones que se incorporarán al mercado laboral y que deberían reinventar la economía. La Unesco advirtió que si México continúa con la tendencia actual, logrará la universalización de la educación primaria en 2035, de la educación secundaria en 2060 y de la superior en 2100. En otras palabras, mientras en la economía del conocimiento se aceleran las exigencias y las demandas para acceder a un buen empleo, en la formación se avanza a paso cansino, lo cual equivale a seguir construyendo un camino de precariedad y de limitaciones, en donde será cada vez más complicado ajustarse a los tiempos.

Que el siguiente año sea complicado y con la amenaza de más precariedad, es algo que no podemos evitar. Pero sí se puede planificar la construcción de una economía más equitativa en sus oportunidades y menos dependiente de lo coyuntural. Hay que acelerar el paso en lo que realmente nos servirá para innovar y emprender, para renovar el mercado y romper la inveterada tradición de que cada año sea peor. Hay que cambiar la precariedad por la educación.

@hfarinaojeda