Economía empática

Anuncios cíclicos

El anuncio hecho hace unos días por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) parece una repetición desde tiempos inmemoriales: la economía latinoamericana se contraerá 0.6 por ciento este año, en tanto la previsión de crecimiento para México se redujo desde 2.6 a 2.3 por ciento. Como una de esas paradojas amargas a las que ya estamos acostumbrados, los pronósticos nos dicen que habrá contracción de la generación de riqueza precisamente en momentos en los que el escándalo de los Papeles de Panamá exhibe operaciones millonarias y fortunas incalculables. Ya no sorprende que los anuncios o informes den cuenta de que la economía mexicana tendrá un crecimiento limitado, que la fortuna se concentra en pocas manos y que cada vez hay más personas en la pobreza.

La Cepal hizo referencia a la necesidad de combatir la desaceleración de la economía, para lo cual hay que “dinamizar la inversión e incrementar la productividad”, con miras a retomar el crecimiento sostenido. Tanto los problemas derivados de la contracción como las medidas para solucionar dicha contracción son conocidos y repetidos en forma cíclica, como si todo tendiera a volver siempre a los mismos conflictos. Y aunque se mencionen como causantes a la desaceleración de la economía china, la demanda norteamericana o los precios del petróleo y las materias primas, las crisis siempre nos toman en la misma situación de precariedad, de marcada pobreza y desigualdad.

Pero más que el eterno retorno de los golpes económicos, lo más llamativo es que también vuelven los mismos errores y se mantienen los mismos vicios: cada vez que hay problemas de ingresos se recortan presupuestos a la educación, la ciencia y la tecnología, lo que es lo mismo que castigar el futuro de la gente; cada vez que el fantasma de la recesión o algún apuro fiscal asoman, aparecen las medidas de manual de antaño, los nuevos impuestos, los llamados a la austeridad y los recortes, sin que con ello se haga mella en la corrupción, la ineficiencia y el despilfarro. Y lo que es peor: las medidas que se toman suelen ser coyunturales, para parchar situaciones transitorias, de manera que en el mejor de los casos se supera un mal momento…para seguir viviendo en la misma precariedad, pobreza e injusticia.

El economista francés Robert Boyer me dijo hace algunos meses que vivimos en un mundo al revés, en donde las multinacionales lo tienen todo planeado mientras que los Estados no tienen planificación. Es decir, el capital privado planifica la generación de riqueza en tanto el Estado trata de apagar incendios. Y esto se nota cuando vemos que las medidas terminan por preocuparse más por el capital financiero y por incentivar el consumismo antes que por lo que realmente necesita la gente para mejorar sus condiciones de vida.

Si queremos cambiar el escenario económico deberíamos dejar de tomar medidas que cíclicamente no sirven y pensar en cómo innovar y revolucionar una economía que no puede seguir cargando con tanta pobreza y desigualdad.

 

Twitter: @hfarinaojeda