Economía empática

Amenazas y fragilidades

La incertidumbre y los efectos del denominado Brexit, tras el referendo en el que triunfó la decisión  de que el Reino Unido salga de la Unión Europea, no sólo demostraron los alcances globales que puede tener la iniciativa de una economía importante, sino que además pusieron en entredicho la verdadera fortaleza y los recursos propios con los que cuentan los países para enfrentar los coletazos de la volatilidad internacional. De un referendo no vinculante se pasó a las sacudidas financieras, la especulación y las repercusiones en las bolsas de valores. Y de estos efectos se pasó a los anuncios de solidez, de dinamismo propio, estabilidad macroeconómica y de cuanta medida se crea suficiente para soportar cualquier golpe directo o indirecto.

Parece un juego de preguntas cambiantes pero con las mismas respuestas. Ante la posibilidad de  que cualquier movimiento en el mercado internacional afecte negativamente a la economía, aparecen las medidas de manual que garantizan que con un recorte, un blindaje o una medida anticíclica estarán todo controlado, cuidando la estabilidad de los grandes indicadores. Sin embargo, más allá de las medidas coyunturales, el verdadero cuestionamiento debe apuntar a qué tanta capacidad propia posee la economía mexicana para enfrentar las crisis medulares: la pobreza de más de 60 millones de personas, la desigualdad, la exclusión y el rezago educativo que limita las iniciativas de innovar en busca de mejores condiciones.

Ahora se invoca al Brexit, pero podemos mencionar la devaluación del yuan, la caída de los precios del petróleo, la disminución de remesas, el escaso crecimiento de Estados Unidos, la crisis inmobiliaria o cualquier otro factor externo que en su momento fue una advertencia o una amenaza. La cuestión es que hay factores que escapan al control local y que traen crisis cíclicas, recurrentes, con diversas magnitudes e impactos. Pero es la fortaleza propia, la que sí se puede controlar, la que termina haciendo la diferencia fundamental, la que nos dice si podemos enfrentar con éxito una crisis o si sólo buscamos cuidar que los efectos negativos no sean tan destructivos.

Detrás de lo coyuntural hay profundas debilidades estructurales que deben corregirse: con una situación de precariedad que afecta a la mitad de la población, con 32 millones de personas con rezago educativo, con una constante disminución del poder adquisitivo y con una generación insuficiente de empleos, es poco probable que se pueda salir airoso de cualquier embestida internacional. En el mejor de los casos, lo que se lograría es una estabilidad que signifique que todo sigue igual, con nuestra pobreza, desigualdad y precariedad.

Si ante el triunfo del Brexit temblaron los países con economías poderosas y escasa pobreza, imaginen la situación de aquellos países frágiles, poco competitivos y con escaso dinamismo propio. Mientras no arreglemos los problemas internos y sigamos atrasados en lo social, siempre estaremos a merced de nuestra propia fragilidad.

Twitter: @hfarinaojeda