¿Cuál de las dos visiones gana en el tema Aristegui?

Los hechos serán siempre la mejor arma para un periodista, analista o comentador. Pero también, como hemos dicho varias veces en este espacio, en política (y para el caso, en los medios de comunicación), percepción es realidad. El despido de Carmen Aristegui de la empresa MVS, y todo lo que éste ha ocasionado en redes sociales y a través de las reacciones de políticos y analistas, es un claro ejemplo de ello.

Casi todos parten de lo lamentable que es la ausencia de Carmen Aristegui, pero de ahí surgen dos grandes visiones sobre las causas y el impacto: por un lado están quienes limitan el hecho a un problema empresarial y centran sus comentarios en el abuso de confianza cometido por dos colaboradores de Aristegui; y por otra parte están quienes ven un atentado en contra de la libertad de expresión, orquestado, o al menos apoyado por intereses y fuerzas de poder en el país.

Los del primer grupo, es decir quienes ven únicamente una cuestión de diferencias laborales entre MVS y el equipo de Carmen Aristegui, se quedan en los hechos y no saltan a conclusiones más allá de lo que se puede probar. Los del segundo, es decir, quienes se han indignado por la “represión” y buscan culpables en el gobierno, utilizan elementos históricos para acoplarlos al presente y llegar a su propia conclusión, escalando la situación a algo mucho más trascendente para nuestro país que un simple diferendo entre patrones y empleados.

Hay que decir, por cierto, que hay incongruencias en ambos grupos. Algunos de los que se centran en la cuestión empresarial (primer grupo), aunque no aplauden el hecho, sí lo minimizan y se visten de “objetividad”, mientras se aventuran a asumir, por ejemplo, que todo podría ser una farsa de Aristegui para convertirse en mártir (¿dónde está la prueba de eso?).

Los de la segunda opinión tienen muchos elementos para sospechar debido a la gran crisis de confianza en México (lo dijo el mismo presidente Enrique Peña Nieto), y porque casualmente dos de las voces más incómodas para el gobierno en la radio, Pedro Ferriz de Con por la derecha, y Carmen Aristegui por la izquierda han sido removidos de sus respectivos medios, por las razones que sea: “qué casualidad”, dicen. Pero muchos de los indignados que se han volcado a apoyar a Aristegui, también han apoyado gobiernos como el de Nicolás Maduro en Venezuela, en donde sí hay pruebas de censura directa contra algunos medios de comunicación.

Y entonces, ¿quién tiene la razón? Independientemente de las incongruencias, desde un punto de vista más científico, o al menos más periodístico, los del primer grupo ganan (por lo pronto, porque puede cambiar en el momento en que surja evidencia de lo contrario). Pero si hablamos de percepción popular, no cabe duda que la opinión ganadora es la segunda. Porque cualquiera que haya sido la razón verdadera del despido de Carmen Aristegui, es indudable que quitarle espacio abierto a una voz crítica es negativo, y va en detrimento de la democracia, sobre todo en el momento que vivimos.

APUNTE RELIGARE. El popular bloguero mormón John Delhin fue excomulgado de su religión por “poner en cuestionamiento” algunos de los principios fundamentales de ésta. Es de esperar que una institución religiosa con ciertas reglas proceda según las mismas en cuanto al comportamiento de sus fieles (el apoyo de Delhin a grupos feministas o gays no es del todo ventajoso para su causa). Lo interesante aquí es que Delhin está intentando revocar la sentencia a través de argumentos que pretenden probar su inocencia. Rogar y tratar de acoplarse a los cánones religiosos, a pesar de la expulsión, es algo que muchos hacen por cuestiones identitarias, culturales y familiares. ¡Qué difícil!

hectordiego@gmail.com