Los triunfos de Iñárritu y el falso mexicanismo

Desde un punto de vista más general, "Birdman" no es ni triunfo ni fracaso para México.

Sentirse orgulloso de que un mexicano haya logrado obtener tres premios Oscar por su película es una cosa. Otra muy distinta es pensar como si estuviéramos en el Mundial de futbol, y adjudicarnos el triunfo hablando en primera persona. El director Alejandro González Iñárritu se dijo feliz de compartir su victoria con todos, pero también advirtió que le incomoda ponerle nacionalidad a las películas. Birdman no es una película mexicana y por lo tanto no es un triunfo de México. Es más, en realidad quizá sea todo lo contrario: desde un punto de vista de industria, Birdman pudiera ser un símbolo del fracaso de nuestro país.

Y podría ser un fracaso porque un mexicano talentoso (como muchos en otros ámbitos) tiene que buscar oportunidades fuera de México para lograr sus objetivos. Y es que hay muchos casos similares en donde ciudadanos de nuestro país con una fuerte vocación en algún tema deben salir de la burbuja mexicana y encontrar su camino en donde sí se reconozca su labor.

Desde un punto de vista más general, Birdman no es ni triunfo ni fracaso para México, porque al final de cuentas, tal como se lo sugirió Iñárritu a Susana Moscatel, todo eso de las fronteras y pasaportes y demás formalidades no cabe en una película como Birdman. Argentinos, norteamericanos, mexicanos y de otras nacionalidades participaron activamente en la producción del filme y aportaron su experiencia y su esfuerzo a un producto que ha sido premiado con el reconocimiento más importante y popular de la industria del cine en el mundo. 

Entonces, hay dos cosas que están claras. La primera es que al menos no es un triunfo; y la segunda es que pensar que sí lo es nos hace daño. Y ese es el mexicanismo superficial, el del subirse al carrito que no nos corresponde, el de una falacia que nos da una identidad temporal que olvidamos en el momento en el que realmente tenemos la oportunidad de hacer algo por nuestro país, el de echarle porras a alguien que probablemente ni conocíamos bien, el de buscar en donde sea una excusa para suplir lo que no tenemos, el de poner la nacionalidad mexicana por encima de la ciudadanía global, el de no entender que lo que hace grande a un país es precisamente su capacidad de relacionarse con el resto del mundo y de aceptar y adaptar lo bueno, aunque no sea mexicano.

En lugar de festejar como mexicanos la victoria de Birdman, a quienes les haya encantado la película, pudieran simplemente alegrarse y disfrutar, sin meter el nacionalismo en la ecuación. Sentirse orgullosos del director, claro, pero también del resto del equipo que hizo posible la película, tal y como lo dijo el mismo Iñárritu. No es fácil quitarnos de encima algunos de los impulsos patrioteros que tenemos y que hemos arrastrado históricamente, es cierto. Pero si queremos vivir en un país más exitoso, podríamos empezar por ser menos nacionalistas.

APUNTE RELIGARE. En el honorable Congreso de Nuevo León se han estado discutiendo temas en donde sale a relucir la patética religiosidad de algunos de sus mochos (sí, mochos) miembros. No es novedad que los representantes del pueblo nuevoleonés sean conservadores, de hecho es de esperarse dada la composición ideológica de la ciudadanía de este Estado. Pero los argumentos que han estado manejando para justificar sus opiniones y sus decisiones son muy tristes. Gastaron tiempo para discutir sobre la película Cincuenta sombrasde Grey, lo cual de entrada ya es increíble: querían más vigilancia en los cines para regular la entrada. Rechazaron legislar sobre el matrimonio de personas del mismo sexo porque “México es un país tercermundista que no está preparado para ello”. Argumentos terribles y huecos que en realidad provienen de una combinación letal: la religiosidad y la ignorancia.

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