Por un transporte público que libere

Pensar en el transporte público debería ser una tarea de todos los ciudadanos, y la presión al Gobierno para cambiar las cosas, también es nuestra responsabilidad.

Todo mundo sabe que para ser una ciudad de clase mundial, para vivir en un lugar de primer mundo, es necesario tener un sistema de transporte público que verdaderamente satisfaga las necesidades de movilidad de la población. Monterrey y su área metropolitana tienen un mal sistema de transporte público, quizá uno de los peores en la lista de grandes ciudades del planeta. Y es que para ser libres, para poder estar en un lugar con igualdad de oportunidades, para trabajar por una vida mejor, es determinante poder movernos de un lugar a otro con la mayor eficiencia posible.

Con el alza de las tarifas en el transporte en Nuevo León el tema ha regresado al debate público, y es que ahora lo que vemos es: un mal sistema que cuesta más caro, punto. Las estadísticas hablan por sí solas: en 1996 el 67% de los viajes se hicieron en transporte público, mientras que el año pasado, 2013, sólo el 32%. Una reducción que apunta a una crisis, pero no para los transportistas, sino para los usuarios y para la sociedad en general.

Y el hecho de que la gente use menos el transporte público no significa que hayan encontrado una mejor manera de trasladarse de sus casas al trabajo, sino que simplemente no les alcanza, o consideran que el servicio es tan malo que no vale la pena. Desde luego ha habido algunas mejorías en ciertas líneas de camiones, el Metro ha ido creciendo paulatinamente, pero el sistema en su conjunto sigue siendo muy deficiente.

Pensar en el transporte público debería ser una tarea de todos los ciudadanos, y la presión que deberíamos poner al Gobierno para cambiar las cosas de raíz, también es nuestra responsabilidad. La visión debe ser general, metropolitana y de empatía ciudadana. Es decir tendríamos que diseñar un sistema que piense primero en los usuarios, que considere los tiempos de traslado, que tome en cuenta a la comunidad en su conjunto.

Es muy difícil diseñar un sistema de transporte público si no se piensa en clave de comunidad. Si lo que se está tomando en cuenta son sólo números, transportistas, negocios o intereses políticos, nunca se llegará al ideal. Y es que una de las grandes áreas de oportunidad que siempre hemos tenido los regiomontanos ha sido nuestra visión de la comunidad. Somos muy individualistas y no ha sido fácil para los habitantes de esta ciudad, sobre todo los que más tienen, pensar en que no vivimos aislados, que somos parte de un todo que funcionaría mucho mejor y traería muchos más beneficios para toda la población con un sistema de transporte público que nos haga más libres. 

Un buen sistema de transporte nos da mayores opciones de movilidad y hace más eficiente el día de trabajo, nos da más tiempo a todos para estar con la familia y amigos, nos da mayor calidad de vida, mejora el medio ambiente, disminuye el tráfico, nos hace estar en contacto con la gente más tiempo, nos da la oportunidad de caminar más (para quienes tenemos coche), y reduce el número de accidentes, entre otras cosas. Con todos estos beneficios, es increíble que no hayamos logrado en una ciudad como ésta, tener el mejor sistema de transporte público de México y uno de los mejores del mundo.

APUNTE RELIGARE. Ayer se celebró el día de Martin Luther King Jr. y fue un buen momento para reflexionar sobre lo que la religión en acción puede lograr. Inspirado por un verdadero cristianismo, Martin Luther King, con sus palabras y sus actos, logró una revolución que aún hoy rinde frutos. Uno de los grandes seres humanos, imperfecto como todos, que han logrado trascender con la religión como su base de acción.

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