Los símbolos del 'Bronco' y la responsabilidad de la ciudadanía

Llegó El Bronco y llegó con muchas señales: las indirectas (y las directas) para el Gobierno anterior durante su primer discurso en el Congreso: la presencia de su caballo frente al Palacio de Gobierno, su baño de pueblo al caminar hacia su oficina, el detalle de la silla que hizo a un lado para colocar otra más sencilla, la cabalgata desde el Puente del Papa hasta la Arena Monterrey, su discurso con frases pegadoras y de motivación para la ciudadanía, su frase de la "nueva independencia", su saludo a todos los empleados del Palacio de Cantera, etcétera. Todos símbolos políticos, aparentemente muy espontáneos, pero quizá muy bien pensados, que gritan cambio, que comunican que un nuevo movimiento ha llegado al poder en Nuevo León.

Todo eso está muy bien, y es parte de la respuesta que la política (la que se adapta) le da a los ciudadanos, que siguiendo un fenómeno global, necesitaban al menos en las formas un cambio radical en sus gobernantes. El problema podría venir después de unos meses si precisamente los mismos ciudadanos que impulsaron a Rodríguez Calderón siguen alabándolo y enalteciéndolo sin importar los resultados de su gestión, si van con el tiempo perdiendo su objetividad. Eso sería muy dañino y tóxico incluso para el mismo Bronco. Confiemos en que no suceda.

Ante los rumores de que varios grupos de poder están apuntalando a Jaime hacia la contienda presidencial de 2018, sobre todo viéndolo como un personaje popular que pudiera detener a Andrés Manuel López Obrador, es muy importante que los nuevoleoneses vigilemos muy de cerca la gestión gubernamental para que estos tres años no se conviertan sólo en un gran anuncio de campaña para la Presidencia. Si la administración da buenos frutos, si en realidad se gobierna para la gente, si los cambios se dan y se reflejan en la seguridad, en el bolsillo de la población y en la perspectiva de un mejor Estado en general, entonces no tendría que haber necesidad de circos nacionales pensando en 2018. Pero si Nuevo León no se convierte en ese lugar de ensueño que la gente está pensando, entonces el gobernador tendría que terminar su gestión sin desconcentrarse por las posibilidades electorales nacionales, y si de cualquier forma quiere lanzarse para la Presidencia, tendría que hacerlo asumiendo que el trabajo quedaría incompleto.

Al final tendrán que ser los mismos ciudadanos que se entusiasmaron tanto con la llegada de El Bronco los que le pongan un alto si es necesario, los que vigilen el proceder del personaje, motivando y coadyuvando sí, pero sin cegueras populistas ni profecías huecas. Las redes sociales que fueron esenciales para el triunfo del movimiento bronco también tendrían que ser la base para la vigilancia ciudadana. Si realmente se logra, será un gran triunfo como movimiento, pero si se siguen utilizando para enaltecer una figura, podría convertirse en una de las peores pesadillas para Nuevo León y para México. Apostemos por la primera.

APUNTE RELIGARE. Al ver la transmisión de la toma de protesta de Jaime Rodríguez de sábado a domingo, sentía que estaba viendo una cobertura oficial de Telesur en Venezuela. El tratamiento que se le daba al nuevo gobernador era prácticamente de mesías, de redentor. Tanto los narradores como las personas que estaban instaladas cerca del Palacio de Cantera veían al Bronco de formas casi religiosas. No es algo nuevo en la política, pero en este caso el fenómeno es aún más profundo. Con dosis breves puede ser un buen motivador para la población, pero si ésa va a ser la tónica por los siguientes años, el asunto se puede tornar muy peligroso y dañino para la sociedad. El mejor antídoto, como decíamos: la ciudadanía y su vigilancia objetiva y desapasionada hacia el nuevo gobierno.


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