La risa del Dalai Lama

Tenzin Gyatso, el Dalai Lama, estará nuevamente en nuestro país, y es probable que sea la última vez. En esta cuarta ocasión, el líder espiritual de los tibetanos visitará el Distrito Federal, Zacatecas y Guanajuato, para ofrecer conferencias y enseñanzas budistas no sólo a quienes profesan esa antigua religión, sino a los muchos interesados en el tema. No cabe duda que en México ha crecido el interés por la espiritualidad, independientemente de la tradición religiosa.

Y ese es el mensaje del Dalai Lama: que al final, la religión es sólo una capa más en el entramado de la conciencia. Que está muy bien que existan las tradiciones religiosas, pero que lo más importante es la compasión y la paz. Que más allá de la religión como fenómeno, están los objetivos de felicidad plena que todo ser humano tiene, y que es a través de esos objetivos que debemos actuar en conjunto.

La apertura y la alegría que caracterizan a uno de los personajes más importantes de la historia reciente del mundo, es un símbolo esencial de cómo debería entenderse la espiritualidad y la religión. Y es que aquel que no se ría, que no tenga una carcajada de vez en cuando, no puede ser espiritual. Es cierto que por un lado están el silencio, la oración y la contemplación como parte intrínseca de toda tradición religiosa, pero si quien la practica se queda ahí, estará condenado hundirse en un abismo de soledad o quizá de locura. La risa ayuda a poner las cosas en su justa dimensión porque nos recuerda que las preocupaciones extremas, el estrés y los sentimientos negativos en general, no es nuestra identidad real. La risa nos regala un poco de distancia entre nuestras percepciones y nosotros mismos, y eso ayuda mucho en el camino espiritual.

El Dalai Lama comunica esa idea, y lo hace mucho con su personalidad. En ocasiones cuando hay algún evento de gran seriedad, el líder budista juega o se burla, a veces hasta se porta mal, como si se tratara de un alumno jugando en clase. Las carcajadas que de pronto vemos, son señales de que por más religioso, espiritual, místico y venerado que sea, el Dalai Lama es ante todo un ser humano. Y eso lo hace aún más admirable. La enseñanza es enorme.

Luego, por el contrario, ante alguna superficialidad de la vida, el Dalai puede ponerse serio y emitir algún mensaje profundo, que nos permite reflexionar sobre el sentido de la existencia, y también, al igual que la risa, nos separa un poco de nuestros sentimientos, sin negarlos, para entender mejor la realidad.

Y es así que la religión es una paradoja porque es algo serio y absurdo a la vez. Es decir, tiene una gran importancia por ser una de las herramientas que nos permite acercarnos a lo trascendente y ser mejores personas. Pero no deja de ser sólo una herramienta, que por sí misma no vale gran cosa, y que si no vuelve al mundo, si no regresa al día a día, se queda sin cumplir su propósito.

APUNTE RELIGARE. Después del peor ataque a cristianos en la historia de Pakistán en el que murieron más de 100 personas, un grupo de casi 300 musulmanes decidió formar una valla humana alrededor de la iglesia de San Antonio en Lahore. Con frases como “muchas creencias, un Dios”, o “no más diálogo, sólo acción”, los musulmanes mostraron su solidaridad con los cristianos, quienes, al terminar la misa, salieron para unirse a la valla y participar en la protesta. Un ejemplo más de que a pesar de la intolerancia y el odio religioso que se vive en Pakistán, también hay casos, como éste, que generan grandes esperanzas.

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