El riesgo de tener a un alcalde futbolista

Sería de esperarse que después del lamentable asesinato de la alcaldesa de Temixco, Morelos, los diferentes órdenes de gobierno, independientemente de su color partidista, y más allá de diferencias ideológicas o de intereses políticos, unieran sus fuerzas para entrar en un ambiente de respeto ante la tragedia, y al mismo tiempo utilizar todos los recursos disponibles para dar con la verdad de lo sucedido, y comunicar claramente, en conjunto, las acciones a seguir para evitar que vuelva a suceder. Pero en lugar de esto, lo que vimos fue un pleito casi de secundaria, provocado en gran parte por un alcalde futbolista que no tiene experiencia política y que, bajo el argumento de "el pueblo me dijo", convirtió el escenario estatal en un ring de frases irresponsables que en nada ayudan ante la situación.

Y ése es el riesgo de que cualquier personaje popular pueda llegar a un puesto de gobierno sin estar realmente calificado para llevar a cabo la tarea de gobernar. La democracia es sólo el sistema que se utiliza, pero quienes realmente permiten que suceda esto son los ciudadanos, que ante su hartazgo por los de siempre deciden darle la responsabilidad política a personas que simplemente no tienen la experiencia y que en aras del show mediático, dejarán de lado las prioridades. Los medios también tenemos parte de la culpa por darle tanto vuelo a ese tipo de enfrentamientos, porque claro, la gente nos pone más atención.

Una cosa es el carisma, tan importante en un líder de cualquier índole, y otra muy distinta es la capacidad para llevar a cabo una tarea, que no es un juego, y que requiere de mucha responsabilidad. Ojalá los votantes tuvieran eso en cuenta a la hora de elegir.

APUNTE SPIRITUALIS. En MILENIO Televisión transmitimos el momento en el que un turista mexicano en el Vaticano le preguntaba al papa Francisco, con evidente emoción al verlo pasar cerca de él, si ya estaba listo para el viaje a México, a lo que el pontífice respondió con su característica alegría: "¿Con tequila o sin tequila?", seguido de una buena risa. Aquel que crea estar siguiendo un camino espiritual y no se ría nunca, se está engañando a sí mismo. El papa Francisco es vivo ejemplo de que la espiritualidad es alegre, y a veces no hay que tomarla tan en serio.


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