La predecible Venezuela de Maduro

En Venezuela, hay muchos problemas sociales y económicos que provienen de la corrupción.

No era difícil predecir el escenario de estos días en Venezuela. Y es que la escasez de alimentos ocasionada en parte por la expropiación de Polar, la mayor productora y distribuidora de alimentos en Caracas, así como a las filiales de las firmas PepsiCo, Cargill y Nestlé, que usan la red de distribución de Polar, ha generado diversos saqueos y está poniéndole más gasolina a una posible crisis humanitaria.

Poco a poco vamos viendo lo que era lógico suponer con un gobierno personalista que utiliza la ideología política y económica como justificación para tomar todo tipo de decisiones antidemocráticas y que juega con un diagnóstico real, pero combate los problemas con estrategias probadamente equivocadas.

¿Cuál es el diagnóstico real? Pues que en Venezuela, como en el resto de Latinoamérica, hay muchos problemas sociales y económicos que provienen de la corrupción, de la historia, de la cultura y de las coyunturas internacionales. Que hay una gran brecha económica que afecta al desarrollo de la sociedad en su conjunto y que efectivamente existe una elite que ha pensado poco en los más necesitados. Que las injusticias abundan en muchos frentes, que no existe un buen sistema de bienestar y que la gente, mucha gente, está cansada de todo eso. Ese es el estado de las cosas, y esa es la razón por la cual hay un régimen como el que impera en Venezuela.

¿Cuáles son las estrategias equivocadas? Primero, pensar en que un gobierno monolítico en el que sólo exista la posibilidad de una sola visión, es la salvación de todos. Atacar los problemas con rencor y estableciendo enemigos comunes (como el caso de Estados Unidos) a los cuales culpar por absolutamente todos los males del país. Después viene una serie de acciones de venganza o reproche contra cualquier esfuerzo privado que se oponga al régimen o que simplemente esté en su camino. Como hemos visto desde hace años, la censura es una de las típicas artimañas de este tipo de gobiernos, porque desde luego no pueden perdurar con una prensa abierta. Luego vienen las expropiaciones de empresas como Polar, acciones que después generan saqueos, pleitos generalizados, caos en las ciudades y agrandan los ya de por sí problemas sociales.    

¿Y entonces qué sucede? Pues que Venezuela se ha dividido en dos. Que los de un bando, es decir los que están en el poder, no abren los ojos y no pueden ver que sus estrategias están llevando al país al caos. Pero los del otro bando, la oposición democrática, tampoco se da cuenta que gran parte del problema se dio por no ver el diagnóstico adecuado, por también cerrar los ojos a una realidad existente. Y que si siguen sin verlo, así derroquen a Maduro, seguirá habiendo tierra fértil para ese tipo de gobiernos. Y eso va para cualquier país de Latinoamérica, en donde en cualquier momento surge otro Chávez u otro Maduro, y entonces transitaremos por los muy predecibles caminos casi dictatoriales, como lo estamos viendo hoy en Venezuela. 

APUNTE RELIGARE. En todas las religiones hay fundamentalismos, y eso quedó claro cuando Yishai Schlissel, un judío ultraortodoxo acuchilló a 6 personas que estaban en la marcha gay de Jerusalén. Lo más increíble es que esto lo hizo después de haber estado en prisión por 10 años por haber hecho un acto similar en la marcha anual correspondiente a aquella época. No cabe duda que no es fácil combatir la enfermedad de la religión extrema, y que el estilo cerrado y absolutista de ver las cosas existe en todos lados y proviene siempre del miedo a ser independiente y a dejar los intereses de grupo o de institución a un lado. Esos miedos al final crean una especie de locura que no se quita con una década en la cárcel, que quizá incluso se hace más fuerte.

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