De plátanos y racismo

esos comentarios, esas actitudes, hacen que algo que generó mucho sufrimiento en el pasado, reviva heridas que aún no han cerrado del todo.

Es increíble que en pleno siglo XXI sigamos escuchando frases como la del dueño de los Clippers de Los Ángeles, quien pidió a su novia que no llevara afroamericanos a los partidos, o que veamos episodios como el del partido Villarreal-Barcelona, en el que un aficionado arrojó un plátano al jugador Dani Alves. Y no se trata de rasgarse las vestiduras, pero cuando de pronto algunos conservadores en Estados Unidos aseguran que ya todo está resuelto en el tema de la inclusión racial, o cuando opinan que se les está “considerando de más” o que en realidad “ya no hay racismo”, vemos que, por el contrario, falta todavía un buen trecho para poder decir que se ha superado el problema.

Los comentarios de Donald Sterling durante un partido de su equipo de basquetbol generaron mucha indignación en Estados Unidos y en el mundo, con toda razón. Incluso el presidente Barack Obama habló del asunto pidiendo a la NBA que actuara en consecuencia. Y así fue, porque inmediatamente expulsaron de por vida a Sterling. Pero el hecho ahí queda. Se sabe que ese tipo de conversaciones todavía son comunes entre una minoría de la población de Estados Unidos, nostálgicos de los estados confederados. El problema es que algunos integrantes de esa minoría representan intereses muy poderosos, como es el caso del dueño de los Clippers, y en algunos grupos ultraconservadores no ven tan mal que se hable de esa manera.

En el caso de Dani Alves, que en un gesto muy inteligente decidió comerse parte del plátano que le aventaron desde la tribuna, la acción racista se transforma en un grito antirracista que ha generado campañas en redes sociales, en los medios tradicionales y hasta como parte de la publicidad de los plátanos de Canarias. El #NoAlRacismo se ha convertido en una bandera contra las actitudes intolerantes de quienes no han entendido la gravedad de una broma de ese tipo.

Y es que no es cosa menor. Esos comentarios, esas actitudes, hacen que algo que generó mucho sufrimiento en el pasado, reviva heridas que aún no han cerrado del todo. Además, pasar por alto ese tipo de frases o de acciones, es dejarlo como “normal”, y eso lo que crea es mayor intolerancia e insensibilidad a cuestiones que generan mucho rencor en el mundo y que normalmente no terminan en nada bueno.

Por lo tanto, es importantísima la decisión de la NBA de expulsar a Sterling; el que la FIFA haya sancionado a los responsables y declarar “tolerancia cero” para el Mundial de Brasil; y el hecho de que los ciudadanos y usuarios de las redes sociales hayan utilizado esta situación para hacer más conciencia en el mundo en contra del racismo y de la intolerancia en general.

APUNTE RELIGARE. La celebración de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II del pasado domingo estuvo llena de símbolos. El abrazo entre el papa Francisco y el papa emérito Benedicto XVI era una representación de la doble canonización, porque podría verse como la unión de dos visiones muy distintas de la Iglesia católica y de la religión en general. Francisco, más cercano a Juan XXIII, como decíamos la semana pasada, y Benedicto con un pensamiento teológico similar al de Juan Pablo II. Pero también la presencia de bajo perfil de Benedicto estableció claro quién manda en el Vaticano, así como la idea de que todas las dimensiones caben en la institución, y que la ideología y la política deben ceder lugar a la espiritualidad y la praxis religiosa, es decir, la acción a favor de los demás, del otro.

hectordiego@gmail.com 

http://twitter.com/@hectordiego