“No le tengan miedo al cambio”

La religión es, en esencia, incluyente. No podríamos llamarle “religión” a una comunidad que discrimina por preferencia sexual o estado civil.

Después de que los medios internacionales anunciaran con bombo y platillo que la Iglesia católica había decidido cambiar su postura hacia los gays y los divorciados, ahora resulta que nada de eso se concretó, ya que al final el Sínodo Extraordinario de Obispos sobre la Familia decidió eliminar gran parte del texto que daba un lugar mucho más digno a ambos grupos. Se dijo entonces que el papa Francisco sufrió un revés en su idea de abrir más la institución y ser más congruente con las enseñanzas cristianas de inclusión y empatía hacia todos. Pero quizá fue sólo un paso atrás para tomar vuelo y seguir con el impulso renovador.

Como ya lo decíamos la semana pasada en este espacio, los conservadores en la Iglesia católica hicieron todo lo posible por frenar el avance de las ideas de apertura, lo cual era de esperarse. Es verdad que, entre otras cosas, las religiones existen para conservar los valores universales que nos unen como seres humanos, como la familia. Pero hay valores de los que la misma familia depende, como el amor y la compasión que se fortalecen más con la inclusión.

Y más allá de ese núcleo fundamental, las instituciones religiosas tienen que adaptarse a los tiempos y evolucionar junto con la sociedad. De otra forma, más que garantes de los valores, se convierten en freno a la natural evolución del mundo. Que la familia siga siendo el núcleo de la sociedad no significa que no pueda haber diferentes tipos de familia, igualmente amorosas y unidas. Y que el ideal siempre sea mantener dicha unidad, no significa que a veces la ruptura es inevitable, y eso no hace menos humanos a quienes pasan por ella.

La religión es, en esencia, incluyente. No podríamos llamarle “religión” a una comunidad que discrimina por preferencia sexual o estado civil. Y quizá dirán que “son bienvenidos”, o que aceptan a todos mientras no estén en “pecado”. Y ahí es donde está el problema, porque al menos dentro de la Iglesia católica, los gays y los divorciados son seres humanos de segunda. Es como decir que aceptamos a las abejas, pero que ni se les ocurra hacer miel. No tiene sentido. 

Pero a pesar del freno de los conservadores, el papa Francisco se mostró contento por el hecho de haber puesto sobre la mesa los temas, y por haberlos discutido. El diálogo abierto en sí, ya es un avance. “No tengan miedo al cambio” dice el papa Francisco. A pesar de sufrir este aparente “revés”, el pontífice se ve confiado en que las cosas irán evolucionando más rápido que nunca, y pidió “libertad” y “creatividad” para la próxima asamblea del mismo tema, el próximo año.

APUNTE RELIGARE. Hablando de diálogo, el domingo en el Centro Cultural Loyola de Monterrey se llevó a cabo la décimo octava edición del Encuentro Interreligioso de Oración y Reflexión por la Paz. Al igual que el año pasado, muchos jóvenes estuvieron presentes, no sólo para escuchar las conferencias, talleres y panel de discusión, sino para participar. Uno de los principales mensajes que surge del diálogo del domingo es el de la acción: hay el impulso de concretizar los dichos e ir al campo de la praxis conjunta, que es el ámbito en el que mayor comunión puede haber entre las religiones.
La verdad es que ya hay muchos esfuerzos en ese sentido, varios de ellos se expusieron en el evento, pero qué bueno que los jóvenes tengan el interés de hacer aún más en una ciudad como Monterrey, cada vez más plural en lo religioso. ¡Felicidades al equipo organizador por el esfuerzo y los logros!

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