Es mejor regular que prohibir

El miedo que genera una prohibición expresa puede ser muy eficaz en el corto plazo, pero al final de cuentas intentar mitigar los efectos negativos de un determinado comportamiento humano a través de no permitirlo en su totalidad, no es lo ideal en el desarrollo de una sociedad. En el debate que ha iniciado en nuestro país sobre la posible legalización de la mariguana, los argumentos deberían centrarse en los valores de la libertad, la salud y la seguridad, efectivamente.

Pero también habría que ser congruentes con las cosas que hoy sí permitimos, que por cierto no tenemos ninguna intención de prohibir, que se pueden controlar, y que pudieran ser, en exceso, más dañinas que la mariguana (como el alcohol, el cigarro, e incluso las hamburguesas o los dulces).

Es lógico que algo que es directa, concreta y materialmente negativo para la sociedad debe ser, sin duda, prohibido por la ley. Si una acción en sí misma, en el ámbito público, sólo por llevarla a cabo, produce un malestar directo e inobjetable contra otra persona, normalmente sería deseable no permitirla. En los casos de robo, asesinato, destrucción de propiedad ajena, por mencionar algunos, está muy claro que, ni siquiera al hacerlos con moderación pueden considerarse como positivos. El problema ahí no es el exceso, es la acción por sí misma.

Pero cuando una acción humana produce algún placer o tiene un efecto positivo de entrada, y sólo su exceso o su mala utilización pudiera generar efectos negativos para la persona o para la sociedad en general, entonces lo mejor es la regulación. En el caso de la mariguana lo importante sería que la droga no afecte a menores de edad, que se genere el menor número de casos de adicción, y que en general no provoque situaciones de peligro a terceros que no tienen por qué pagar las consecuencias de que alguien busque un beneficio personal. Pero de ahí a seguir por el camino de la prohibición hay mucha diferencia. Falta un largo debate, pero lo cierto es que la legalización de la mariguana tiene muy buenos argumentos.

APUNTE RELIGARE. Un claro ejemplo de prohibiciones peligrosas y dañinas para la sociedad en el largo plazo, son algunas que las religiones se han encargado de generar. Ahí tenemos las prohibiciones culturales que truncan el conocimiento o las sexuales que generan más enfermedad, sólo por dar un par de ejemplos.


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