El fin de la religión (como la conocemos) 2/2

Habría que ver si los líderes religiosos más importantes están dispuestos a darle a la ciencia su lugar discutiendo a fondo sobre algunas doctrinas, no como revelaciones divinas.

Seguramente uno de los chantajes más grandes y dañinos de la historia de la humanidad es el religioso. Todas las religiones, en su faceta dogmática y tradicionalista, exigen que sus seguidores crean ciegamente en fenómenos sobrenaturales, sólo porque alguien en algún punto de la historia supuestamente así lo demandó, en la mayoría de los casos en nombre de un ente o ser divino. De no hacerlo así, el castigo puede ser terrible, normalmente después de esta vida, pero en algunos casos ya desde esta misma.

El ataque terrorista contra la revista Charlie Hebdo es un ejemplo de los extremos a los que ese chantaje religioso puede llegar y de las consecuencias de “no creer”. En este caso ese “no creer” aparece en forma de sátira, pero también puede existir cuando una persona decide abandonar una religión, al externar dudas sobre la existencia de Dios, o al cuestionar las explicaciones arbitrarias de la realidad que desde hace siglos han dado las religiones.

Es verdad que la gran mayoría de los musulmanes, o de las personas religiosas en general, nunca hubieran llevado a cabo un ataque como el de los terroristas contra Charlie Hebdo. Pero lo cierto es que la raíz del extremismo está, en gran parte, en ese chantaje de creencias y en esa pedagogía retrógrada y anquilosada que incluso muchos de los llamados religiosos moderados tienen, y que ya deberían superar. 

Las religiones necesitan, entonces, evolucionar urgentemente. El presidente de Egipto llamó a una revolución del Islam, por ejemplo. Tiene razón, pero habría que ver si Abdelfatah Al-Sisi estaría dispuesto a discutir temas como las representaciones de Mahoma, o la veracidad histórica del Corán, puntos que por mucho tiempo han sido “no negociables” y que la ciencia se ha encargado de poner en evidencia. Habría que ver si los líderes religiosos más importantes están dispuestos a darle a la ciencia su lugar discutiendo a fondo sobre algunas doctrinas, no como revelaciones divinas ni como explicaciones del universo. Habría que ver si están dispuestos a liberar completamente la conversación de sus fieles, no sólo permitiendo sino además motivando el cuestionamiento y el escepticismo sobre los temas de la realidad.

La espiritualidad, como proceso de profunda transformación o crecimiento personal, que deja ser a la ciencia, es posible. La espiritualidad que no intenta explicar los fenómenos naturales, sino que simplemente los vive, y que no chantajea con dioses celosos ni profetas de leyenda, sino que permite junto con la ciencia, vivir feliz en esta vida, es posible.

Alguna vez el popular astrónomo y científico Carl Sagan tuvo una reunión con el Dalai Lama. Ahí Sagan le preguntó al líder budista qué haría si hubiera suficiente evidencia científica en contra del concepto de la reencarnación (o renacimiento como lo llaman los budistas). El Dalai Lama simplemente contestó que dejaría de creer en ella.

APUNTE RELIGARE. Uno de los grandes pilares de las religiones debería ser la libertad de expresión. Casi todos los personajes fundadores de las religiones fueron señalados, atacados y hasta asesinados por expresar ideas y comunicar mensajes que resultaban muy ofensivos para los líderes religiosos de aquellas épocas. Según los textos religiosos, Jesús, Mahoma, Buda, Confucio, todos ellos atacaron fuertemente las creencias arraigadas, y en muchas ocasiones “sagradas” de las sociedades en las que vivieron. Tendrían que salir hoy a decir más que nunca, y con todo lo que ello implica, je suis Charlie.

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