Los extremos ante la tragedia de Iguala

Lo que sucedió en Iguala pone de manifiesto las carencias del Estado y los gobiernos locales. Un caso como esos debe ser muy señalado y qué bueno que se haya mediatizado.

No podían faltar. Ante una situación tan grave como la que se vive en Guerrero, surgen desde los extremos del espectro social y político todos aquellos que buscan sacarle partido a la tragedia. Por un lado están quienes pretenden criminalizar a los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, tomando su ideología y acciones como argumento; y por otro lado están los profesionales de la manifestación violenta, que utilizan el caso para trasladar su agenda anarquista y desestabilizadora a través de actos también criminales.

No cabe duda que lo que sucedió en Iguala pone de manifiesto las carencias del Estado y de los gobiernos locales. Es verdad que un caso como esos debe ser muy señalado y qué bueno que se haya mediatizado tanto, no sólo en México sino en la comunidad internacional, porque son cosas que muy fácilmente pueden pasar al olvido, y la ignorancia ante esos casos es lo peor que la exageración.

Pero de pronto hay quienes buscan una causa lógica, culpando en parte a los mismos estudiantes. Y eso es lo que hace perder de vista el punto principal. Como lo decía ayer Carlos Marín en estas páginas: no importa quiénes sean, qué hayan hecho, cuál haya sido su ideología ni sus intenciones, nada, absolutamente nada puede darle razones o justificaciones a quienes llevaron a cabo el crimen. Los estudiantes son, ante todo, las víctimas de esta tragedia. Por eso la importancia de que existan organismos internacionales que llamen la atención, aunque de manera no vinculante, a nuestro país y a las autoridades. Por ello la relevancia de que los medios de comunicación informemos sobre los hechos y que la comunidad en general se manifieste de manera pacífica para mostrar el descontento y la absoluta condena a hechos como ése.

Aunque aquí es donde hay que subrayar lo de pacíficas, al hablar de las marchas y protestas, porque los grupos que sólo están esperando casos como éste para desestabilizar al país y mover su propia agenda ideológica, política y hasta económica, aprovechan para condenar hechos violentos a través de la misma violencia. Muchas veces hasta da la impresión de que se alegran ante algo así, porque finalmente pueden destruir, que es lo que mejor saben hacer. 

Y luego no faltan tampoco los políticos que empiezan a pensar en 2015 y en 2018 y reparten culpas entre unos y otros sin tener ningún tipo de fundamento, cuestión que también genera un clima tóxico y no hace más que desviar la atención de lo verdaderamente importante: que se sepa qué pasó con los jóvenes y que se haga todo lo posible para que no vuelva a suceder.

APUNTE RELIGARE. El viernes es Halloween y muchos en México, sobre todo desde las tradiciones religiosas, siguen haciendo campaña en contra del día de brujas. Utilizan argumentos que van desde lo supuestamente satánico, hasta los más culturales y nacionalistas que lo comparan con el de muertos, asegurando que es mejor celebrar este último, como si hubiera que elegir entre las dos. Pero, ¿qué tiene de malo que los niños se disfracen y vayan a pedir dulces a las casas? ¿No podríamos enfocarnos, por ejemplo, en el valor de la generosidad, cuando regalamos dulces a unos desconocidos? Además, es un festejo alegre, es una especie de carnaval en el que se juega a ser alguien más (mejor hacerlo en Halloween que en la vida misma). Y en cuanto al otro argumento, ¿por qué no celebrar ambas fechas? Son días distintos, y cada una tiene lo suyo. El celebrar Halloween no nos hace satánicos, ni menos mexicanos ni nos impide disfrutar también del Día de Muertos.

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