No todos los dictadores son iguales

Lo más fácil, siempre, son los extremos.  Decir que Castro fue la maravilla del mundo, o denostarlo como si fuera el peor demonio de la historia.   Obviamente hay matices. Desde luego que hay acuerdo en la importancia del personaje. Pero el juicio rápido y tajante no le hace justicia ni a Fidel, ni al pueblo de Cuba. Se necesitarían muchas páginas para describir y valorar verdaderamente a alguien tan complejo como Fidel Castro. Pero podríamos hacer dos observaciones de entrada. 

Por un lado, en el ranking histórico de dictadores, Fidel Castro está entre los menos peores, porque en la balanza debemos apreciar los beneficios en aspectos tan esenciales como salud, vivienda, educación y deporte, además del derrocamiento de una dictadura mucho peor, la de Fulgencio Batista. En las acciones típicas de una dictadura, en la represión, que fue terrible, quizá no fue tan terrible como en otros casos (Stalin, Mao, por decir dos ejemplos de izquierda). No deja de ser reprobable, sobre todo para quienes sufrieron excesos, torturas e injusticias. Pero en la comparación con otros sale ganando.

Pero por otro lado debemos enfatizar que el costo fue demasiado alto para muchas personas, incluso para quienes lograron disfrutar de salud, educación y vivienda a costa de su libertad. La eterna discusión que enfrenta a quienes opinan que es mejor la seguridad de tener todo lo indispensable contra quienes piensan que la libertad supera a cualquier privilegio, nunca va a acabar. Sin embargo, al final de cuentas, tarde o temprano, será complicado vivir con miedo, cuidando siempre lo que se dice, y encerrado en un lugar geográfico y mental. 

APUNTE SPIRITUALIS. Las dictaduras tienen los peores aspectos de las religiones institucionalizadas. Un mesías terreno y otro en el más allá; una serie de reglas obligatorias; una cerrazón que impide el cuestionamiento de dichas reglas; una cosmovisión impuesta que no debe ser contestada; rituales tradicionalistas y enemigos comunes que unen a la gente. 

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