El decidido equilibrio del Papa

A eso fue el papa Francisco: a poner en claro que la verdadera religión no debería ser justificación para la violencia, sino todo lo contrario, tendría que ser la solución a los conflictos.

Lo más fácil siempre son los extremos. Al cruzar por una cuerda floja, lo más sencillo es irse completamente hacia un lado o hacia el otro. El problema es que al hacerlo, nos caemos. Lo difícil, lo que realmente requiere mayor esfuerzo, es mantener el equilibrio, caminar por la cuerda balanceando el cuerpo para poder seguir el camino y llegar a la meta. Quizá parecerá que titubeamos, es probable que se vea como que estamos moviéndonos de manera errática, un poco hacia un lado, y un poco hacia el otro y que no hay estabilidad. Pero dentro de esa aparente incertidumbre, a través de esos movimientos, hay mucha más determinación y fuerza, que en cualquiera de los extremos. El papa Francisco con su visita a Israel, ha demostrado precisamente la fortaleza y el carácter de un líder que no toma partido más que con la paz, y que a través de intereses más espirituales que políticos, contribuye al diálogo.

Lo mismo visita la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar más sagrado para los musulmanes, que el Muro de las Lamentaciones, uno de los más sagrados para judíos. Igual pide la creación de un Estado palestino, que respeto para el Estado de Israel. Se abraza con líderes de esas dos religiones, que junto con la suya agrupan los monoteísmos del mundo, les habla directo y sin rodeos a ambas partes del conflicto, y sobre todo escucha a las víctimas con sus historias de dolor y de esperanza. Esperanza que deja su visita al Medio Oriente, por lo simbólico, por la voluntad, por el hecho de ver que el personaje religioso más seguido del mundo no tiene miedo de actuar con decisión, pero tampoco tiene miedo de entender las dos visiones, de confrontar el extremismo a través del equilibrio y la paz.

Está claro que el conflicto de Medio Oriente es multidimensional y por lo tanto no es tan fácil de entender. Lo ya de por sí complicado en términos políticos, económicos e históricos, se hace aún más complejo por la raíz religiosa. Pero quizá si esa raíz se comprendiera mejor, y si no se utilizara de forma distorsionada como excusa para el poder, o como gasolina para la desbordada identidad, entonces habría más caminos libres para el diálogo y la paz.

Y en parte a eso fue el papa Francisco: a poner en claro que la verdadera religión no debería ser justificación para la violencia, sino todo lo contrario, tendría que ser la solución a los conflictos. Con equilibrio y firmeza, sin caer en ningún extremo, se puede trasladar mucho mejor ese mensaje, tal y como lo ha hecho el Papa. Lo cierto es que no es fácil mantener ese equilibrio, y veremos qué efectos concretos tiene su visita, y si realmente la voluntad y los símbolos se convierten en acciones específicas hacia esa paz que tantos líderes occidentales han buscado, hasta ahora sin éxito.

APUNTE RELIGARE. Nuevamente hay una frase tan histórica como mediática que el pontífice les da a los periodistas en un avión. Esta vez, le preguntan a Francisco sobre el tema del celibato en los sacerdotes. “(…) No se debate sobre un dogma, sino sobre una regla de vida que yo aprecio mucho y que es un don para la Iglesia. Al no ser un dogma de fe, siempre está la puerta abierta”. Y esa última parte, la de la puerta abierta, es la que dio la vuelta al mundo y es la que está, desde luego, generando gran controversia dentro de la propia Iglesia. Fuera de la institución, lo que hay es alegría de que se esté por fin considerando, al menos que se aparezca la posibilidad de hacerlo, por parte del líder máximo de la institución.

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