El debate sobre los debates en Nuevo León

Falta creatividad en los formatos de los debates para incluir a todos los aspirantes.

Como que todavía no le entendemos muy bien a esto de la democracia en México. Sabemos que uno de los principios fundamentales es la posibilidad de escuchar a todas las voces, o al menos de darles las mismas oportunidades para ser tomadas en cuenta por la población. Pero por lo visto no estamos muy seguros de cómo hacerle.

En Nuevo León, ante las campañas electorales para gobernador, se ha suscitado una controversia sobre los debates y el número de candidatos que deben participar en ellos. Y es que en algunos de los encuentros se invitará sólo a los candidatos que estén en los primeros lugares de las encuestas, mientras que en otros se ha decidido que acudan todos.

Es cierto que un debate con diez candidatos puede ser más aburrido que uno con tres o cuatro. Hemos visto varios casos con una serie de mini monólogos en donde los aspirantes a algún puesto popular describen o enumeran sus propuestas pero que no generan ningún tipo de interés ante la ciudadanía, sobre todo porque es más difícil el contraste de ideas. Es verdad que en los medios masivos de comunicación, sobre todo radio y televisión, los formatos y los tiempos son muy limitados, por lo que es muy importante reducir el número de invitados de tal manera que tenga algún sentido reunir a los contendientes.

Pero todo ello no es justificación para quitarle el derecho de voz a algunos aspirantes a la gubernatura sólo porque en algunas encuestas (aunque sean las avaladas por las autoridades electorales), están en los últimos lugares.

Al final de cuentas el criterio se basa en la intención de voto, no en los resultados específicos de alguna elección. Y aunque así fuera: si un candidato es aceptado por la estructura electoral en nuestro país, pues entonces tendría que tener los mismos derechos que los demás candidatos, independientemente de su estatus en las encuestas o en resultados de elecciones anteriores, ¿o no?

Entonces tenemos una situación complicada. Ni modo, así hemos construido nuestra democracia.

Por lo tanto, sí habría que revisar la estructura y las razones por las cuales existen tantos candidatos, para empezar. Pero mientras hacemos eso, esto es lo que hay: muchos candidatos con los mismos derechos por un lado, y la necesidad de tener debates y foros que generen interés por el otro. ¿Qué hacemos? No discriminar a los candidatos, sobre todo si los encuentros se llevan a cabo en universidades, pero también ser más creativos con los formatos y la cantidad de debates para que tengan sentido y que realmente sirvan a la sociedad para tomar mejores decisiones. No está fácil.

APUNTE RELIGARE. La revista National Geographic de este mes incluye un reportaje llamado “Guerra contra la ciencia”. Citando frases como “el hombre nunca llegó a la luna”, “la evolución no es verdadera” o “las vacunas son dañinas para los niños”, entre otras, la revista expone ejemplos de la resistencia que muchos norteamericanos tienen hacia algunas de las cuestiones que ya ni siquiera son sujetas a debate en la comunidad científica, debido a la gran cantidad de evidencia que existe.

Y es que a pesar de que muchos conservadores entienden los planteamientos de la evolución, por ejemplo, siguen sin aceptarla debido a la pertenencia a su religión o a su tribu política, y es por ello que tienen tanta dificultad para expresarlo libremente.

Es increíble que haya tanta gente todavía que ponga en duda lo que la ciencia ya da por hecho, y que lo haga con argumentos religiosos que intentan dar una explicación del universo que ya ha sido descartada.

El sentido de identidad y la conveniencia política son muchas veces la razón de esta guerra contra la ciencia, pero también la simple ignorancia motivada por las religiones.

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