¿La culpa la tiene el Mundial?

No debemos olvidarnos de los problemas graves que aquejan a nuestras sociedades.  Pero tampoco debemos culpar a un mundial de futbol
por ello.

Con la controversia que se ha generado en Brasil debido a los costos tan elevados que ha supuesto el Mundial en curso, además de las marchas que exigen al Gobierno atender los problemas sociales antes de celebrar un evento de esa naturaleza, ha habido reacciones en varias partes del mundo con la intención, en algunos casos, de boicotearlo. Se ha convertido incluso en una especie de protesta en pequeños grupos de personas, que han decidido no ver los partidos del Mundial para enviar una lección a los organizadores. ¿Pero qué tanto lograrán esas actitudes? ¿Y qué culpa tiene el futbol de los problemas sociales de Brasil y del mundo?

Es cierto que la situación de desigualdad en países como Brasil es preocupante. Desde luego que aún hay zonas de pobreza extrema en ese y en otros países. Y es verdad que la inversión para este Mundial en particular ha sido excesiva y que la organización no es la mejor. Qué bueno que la gente se manifieste y que exija sus derechos, que este evento saque a relucir también lo negativo para que no se olvide. Vale la pena que el mundo entero eche un vistazo a lo que ocurre todavía en Latinoamérica, y que queden de manifiesto los muchos retos que hay.

Pero de ahí a decidir no ver los partidos, pensar que todo es la culpa de la FIFA o del gobierno brasileño, hay mucho trecho. Al contrario. Un mundial de futbol es un evento que genera muchos empleos y que incentiva la economía de los países organizadores. Pero además es una época que se da una vez cada cuatro años y que une a los ciudadanos de cada país participante, que hace que los problemas personales se olviden por un rato. Son momentos de diversión, de estar con los amigos, la familia, de comentar y disfrutar, para todas las razas, religiones, clases sociales, para chicos y grandes.

Puede ser que a alguien no le guste el futbol, aun así se une a la fiesta y celebra los goles de su selección. No pasa nada con que por unos cuantos días, cada cuatro años y sólo en algunos partidos, la gente se reúna ante una televisión para disfrutar porque eso también es parte de la vida. No pasa nada con que los niños en las escuelas detengan sus estudios por menos de dos horas para estar juntos y ver al equipo que los representa, porque eso también es aprendizaje. No pasa nada con que los legisladores pospongan 90 minutos las discusiones, porque así las diferencias ideológicas se hacen a un lado para apoyar a México. 

No debemos olvidarnos de los problemas graves que aquejan a nuestras sociedades.  Pero tampoco debemos culpar a un mundial de futbol por ello. De hecho, viendo el futbol, siendo parte de las celebraciones, de una manera positiva, ayuda mucho más a dichas sociedades de lo que pudiera afectarlas. 

APUNTE RELIGARE. Para algunos el futbol es una religión. El problema es cuando dicha religión se convierte en una práctica extremista, y cuando la identificación con un equipo, o un país, equivale al odio y rencor contra otro, de tal manera que genere violencia. Pero si el futbol es una religión, en el buen sentido de la palabra, entonces nada tendría de malo. Si un partido nos hace sentir parte de una comunidad, si la motivación y el deporte nos hace mejores personas, si en la fiesta del gol se celebra la vida, sin menospreciar a los demás, si en el rival vemos, como símbolo, las adversidades de la vida, si incluso convertimos el deporte en una meditación, entonces efectivamente sería una buena religión, o un buen complemento de las religiones tradicionales.

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