De conspiraciones y festejos

Hay dos extremos en las reacciones ante la captura del Chapo: por un lado los negativos, a los que no les convence ninguna versión oficial, y por otro lado los que han convertido este hecho en una especie de fiesta nacional, exagerándolo todo.

En el primer caso están las típicas teorías de la conspiración que a través de historias con nulo sustento y cada vez menos creativas, ven todo con sospecha. Un ejemplo clásico: "Es una cortina de humo del gobierno para tapar los problemas reales del país, como la subida del dólar". Como si el narcotraficante más buscado del mundo no fuera un problema, como si su captura fuera lo de menos, y como si se pudiera planear algo tan complejo en tan poco tiempo. Otro ejemplo: "Ya sabían dónde estaba El Chapo, todo estuvo negociado, no pudo ser que tan fácil dieran con él, ya todo estaba pactado". Como si al gobierno le conviniera eso, como si no hubiera presión internacional. Cuestionar no es lo mismo que sospechar de todo sin sustento.

En el otro extremo, vimos una explosión de júbilo ante un hecho que era obligación del Estado, sobre todo tomando en cuenta los dos escapes de Joaquín Guzmán Loera. Desde luego que hay que reconocer y aplaudir el gran trabajo de la Marina, la Policía Federal, la PGR, el CISEN y todos los que estuvieron involucrados en los operativos que finalmente dieron con el capo, sobre todo quienes exponen su vida para lograrlo; se merecen todo el respeto y admiración. Pero de ahí a tener una explosión de felicidad por parte de políticos colgándose medallas y haciendo de esto una celebración desproporcionada llevando agua a su molino, hay una gran diferencia. De nuevo: capturar al Chapo es obligación del Estado, es el deber ser. Reconocer no es lo mismo que hacer fiesta.

APUNTE SPIRITUALIS. Luego de que el gobierno de Israel decidió retirar de las escuelas el libro Borderlife, una novela de Dorit Rabinyan en la que se narra una historia de amor entre un traductor israelí y una artista palestina, surgió en las redes sociales un video en el que aparecen besándose parejas mixtas de judíos y palestinos. La idea es demostrar que un beso apasionado es un arma muy eficaz contra la cerrazón identitaria que tanto daño ha hecho en Medio Oriente.


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