El colapso de la cultura del espionaje

Meterse en la vida privada de los ciudadanos es inconstitucional, según el fallo de una Corte federal en los Estados Unidos. El programa de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA por sus siglas en inglés) ha recibido un duro golpe, al igual que la Casa Blanca y la cultura del espionaje en general. Las críticas en el plano internacional han logrado que se establezca un debate importante sobre este controvertido tema.

Edward Snowden, ex agente de la NSA y el responsable de revelar información que puso en evidencia al gobierno norteamericano por sus estrategias de espionaje, no sólo nacional sino internacional, se ha mostrado muy contento ante el fallo, e incluso ha ofrecido al gobierno de Brasil ayuda para investigar el espionaje que Estados Unidos ha ejercido en aquel país sudamericano, esto a cambio de recibir asilo político. Las primeras revelaciones sobre los programas de espionaje de la NSA fueron publicados en junio por los periódicos TheGuardian y The Washington Post, basados en los miles de documentos que Snowden entregó al periodista Glenn Greenwald, corresponsal en Brasil. Esa fue la caja de Pandora que se abrió al mundo y que generó un escándalo.

A diferencia de la reacción de otros gobiernos, la administración de Dilma Rousseff protestó de manera muy enérgica y canceló una visita de Estado a Washington programada para octubre y ha estado presionando a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para que haya más protección para los ciudadanos ante ese tipo de programas.

A pesar de las explicaciones que ha dado el gobierno norteamericano, y el intento de disminuir el impacto de las revelaciones, Snowden insiste en que los actos de espionaje ponen a poblaciones enteras en una situación precaria, y que no se trata realmente de prevenir el terrorismo, sino más bien de control social, económico y de manipulación diplomática.

Y es que al final todo se reduce al tema del poder y todas las justificaciones que puedan caber alrededor de ese concepto. El gobierno de Estados Unidos se siente con el deber de mantener cierto estilo de vida, una forma democrática y libre para el mundo, y por ello considera que tiene el derecho de tener constantemente una actitud vigilante. “Es por el bien del mundo”, pensarán. Aunque en realidad se trata de mantener la fuerza y el poder sobre los demás.

Pero también los actos de Snowden, quien a su vez se entromete en la privacidad del gobierno norteamericano, tienen que ver con el poder. Los países que se han visto afectados, como el caso de Brasil e incluso México, toman el hecho como una muy buena carta diplomática o de presión, para avanzar en sus propios intereses. En este caso la justificación es la protección de la libertad y la privacidad de los ciudadanos, un concepto importante y desde luego justo y necesario, pero que pasa como excusa para denostar al imperio y para lograr más fuerza política. Habrá quienes sin duda luchen por todas esas causas, pero desgraciadamente en la política, no es muy común.

APUNTE RELIGARE. El papa Francisco cumplió 77 años ayer y lo celebró siendo congruente con su mensaje. Invitó a cuatro indigentes que viven cerca del Vaticano a la misa y al desayuno (uno de ellos incluso llevó a su perro), y convivió con ellos durante la mañana. Otro gesto más de su estilo informal y de su manera de comunicar al mundo el verdadero mensaje cristiano. Felicidades al Papa por su cumpleaños, pero sobre todo por la renovación de la religión.

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