Sacudiendo a los católicos por un año

Se sabe de casos concretos, pocos en realidad, en el que algunos fieles no reconocen a Francisco como su Papa, y consideran aún a Benedicto XVI como el verdadero.

El papa Francisco cumple un año al frente de la Iglesia católica y ya podemos hablar, al menos por ahora, de un cambio histórico de percepción hacia la institución, y de una muy buena sacudida al interior. Y es que Francisco ha logrado que se hable mejor que nunca sobre el pontificado, y que exista un vínculo entre los grupos seculares más importantes del mundo y la religión cristiana. Por otro lado, al interior de la Iglesia el nuevo Papa ha fungido como despertador y removedor de conciencias para muchos, y como defensor para otros de ideas que antes parecían radicales. Les ha recordado lo importante que es pensar en lo esencial, regresar a lo original, y dejar de actuar en función del poder, para hacerlo más bien en una verdadera clave cristiana.

Es cierto que ya durante el pontificado de Juan Pablo II habíamos visto un incremento enorme en la presencia mediática del Vaticano, sobre todo por la gran habilidad de comunicación y de manejo de medios del llamado Papa viajero. Pero en realidad, gran parte de las noticias que se generaban durante su largo pontificado, tenían que ver con cuestiones políticas e internacionales: la participación del Papa polaco en el bloque occidental en contra del comunismo, su vínculo con el movimiento solidaridad de su país, la capacidad para reunir grandes cantidades de gente en sus múltiples viajes, y sí, algunas actuaciones simbólicas muy importantes de encuentros interreligiosos. Sin embargo en temas sociales, o en la visión general de los avances iniciados por el Concilio Vaticano II, no había un gran énfasis. De hecho, se fue poco a poco eliminando la comunicación en ese sentido, quizá por miedo al comunismo y a que los temas cristianos de la “opción por los pobres” pudieran acercarse a la ideología del bloque soviético.

Pero el papa Francisco claramente ha vuelto al espíritu del Concilio, y en este primer año de pontificado ha dejado absolutamente claro que ése es el objetivo. Los pobres como foco principal de la Iglesia, además de la visión cristiana y humana de no juzgar y de incluir a todos por igual, dejar las posturas que muchas veces son más políticas que religiosas (aborto, matrimonio de personas del mismo sexo, eutanasia, etcétera), y poner mayor atención a la solidaridad y el amor al prójimo, siempre con alegría.

Hay, desde luego, grupos dentro del catolicismo que no están muy de acuerdo con lo que está sucediendo. Se sabe de casos concretos, pocos en realidad, en el que algunos fieles no reconocen a Francisco como su Papa, y consideran aún a Benedicto XVI como el verdadero. Los conservadores radicales se sienten amenazados y en ocasiones hasta condicionan su ayuda económica a la Iglesia. Pero en general hay buen ánimo y hay esperanza, y la posibilidad de un renacimiento de la religión, no sólo católica, sino de todas las denominaciones. Ojalá que siga la sacudida.

APUNTE RELIGARE. Las notas que da Francisco son muy frecuentes, las portadas de revista en las que ha aparecido son de gran importancia, e incluso ha sido parte de otras menos tradicionales. Grupos de ateos, agnósticos, instituciones de otras religiones, grupos ecuménicos, de feministas, organizaciones lésbico-gays, entre otras, han celebrado con mucho ánimo y alegría los discursos y proyectos del Papa así como las muestras de que en realidad se está iniciando un cambio, al menos en las formas y en los enfoques. Quizá no cambien muchos de los principios y dogmas establecidos, pero sí el énfasis y el estilo. Y eso ya es algo.

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