Ruanda y Hitler: lecciones para hoy

A pesar del “nunca más”, Ruanda es un recuerdo de que los seres humanos podemos caer en los mismos errores del pasado, por más sangrientos y terribles que sean.

Después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el mundo se empezó a dar cuenta del terrible saldo en vidas perdidas, y del genocidio que se había perpetrado a manos de la Alemania nazi, una de las frases que más se repetía en distintos modos fue: “nunca más”. Los líderes políticos, las naciones del mundo y las instituciones internacionales juraron que la pesadilla del exterminio nazi no se repetiría jamás. Menos de 50 años después, en 1994, morirían 800,000 personas en tan sólo tres meses, en Ruanda, también con objetivos de limpieza étnica. Ya en ese entonces había medios de comunicación internacionales, la ONU tenía a los famosos “cascos azules” para mantener la paz, las formas de comunicación y de actuación estaban ya muy avanzadas. Pero aún así, se permitió ese genocidio, y sucedió frente a los ojos de la comunidad internacional.

El pasado lunes se conmemoraron 20 años de esa matanza, en la que miles de miembros de la etnia tutsi, así como hutus moderados, morían a diario, a manos de los hutus radicales que pretendían resolver sus problemas a través de la limpieza absoluta y del exterminio total de quienes pertenecían a otro grupo y a los del suyo que ellos consideraran como traidores o muy moderados. Aunque en contextos distintos, al final las motivaciones son las mismas que los de Hitler, por ejemplo. Aunque los procedimientos son muy diferentes, las acciones se llevaron a cabo con el mismo fin: eliminar a un grupo muy grande de seres humanos.

A pesar del “nunca más”, Ruanda es un recuerdo de que los seres humanos podemos caer en los mismos errores del pasado, por más sangrientos y terribles que sean. No está de más reflexionar para nunca caer en una especie de “zona de confort” en la que pensemos que ese tipo de episodios son irrepetibles. Decir que hoy en día no hay posibilidad de otro Ruanda o de otro exterminio nazi es confiarse demasiado. El impulso al nacionalismo a ultranza, la sobre identificación con el grupo al que se pertenece, la fuerza de unificación con un colectivo a través del motor del odio al otro, son cuestiones que aún están presentes en el mundo y que pueden crecer a grados insospechados. 

Recordemos que en el caso de Ruanda el problema no empezó de la noche a la mañana. En un principio, quizá, no muchos se imaginaban que pudiera escalarse hasta donde llegó. En la Alemania de Hitler tampoco se pensaba que se pudiera llegar al extremo que luego ya fue muy evidente. Lo cierto es que, como comunidad internacional, tendríamos que ser capaces, y mucho más aprensivos, cuando se trata de actitudes que no permiten el cuestionamiento, que se encierran con una identificación con nación, religión, raza, etnia, o hasta equipo de futbol. Ahí debería saltar la alarma, y desde ahí tendríamos que estar preparados.

APUNTE RELIGARE. El próximo Jueves Santo, el papa Francisco llevará a cabo el tradicional lavado de pies, y en esta ocasión lo hará en el Centro Santa María della Providenzza de la Fundación Don Carlo Gnocchi, cuyos residentes, muchos de ellos, son personas con discapacidad. Recordemos que el año pasado causó controversia por lavarles los pies a mujeres, sobre todo entre los grupos más conservadores de la Iglesia católica. Ahora será quizá menos controvertido, pero de nuevo se emitirá un gran mensaje al mundo, en el que el acto no se queda solamente en el ritual, sino que se convierte en una lección práctica. El símbolo del servicio a todos los grupos, cualesquiera que estos sean, es importante, pero sobre todo si se trata de las minorías más vulnerables.

hectordiego@gmail.com 

http://twitter.com/@hectordiego