Romper las barreras: personas con discapacidad

La primera impresión que me llevé de la última persona con discapacidad que conocí, hace unos días, es de alegría, trabajo y sentido del humor. Desde luego con su propia personalidad, y por supuesto que tendrá sus vicios y defectos, como todos, claro. Pero esa otra imagen de lástima, de sufrimiento y de soledad que muchas veces se tiene sobre ellos, sólo por su condición, no puede estar más lejos de la verdad, y lo único que logra es aumentar su exclusión en la sociedad.

No cabe duda que para quienes tenemos poco conocimiento sobre el tema, a veces nos es difícil saber cómo actuar, qué decir y qué no decir con y sobre las personas con discapacidad. Y es que en el mundo somos expertos en el arte de la indiferencia y muchas veces incluso la institucionalizamos. Es decir, sabemos que hay personas que tienen una condición de discapacidad, y de pronto las vemos, pero preferimos no enterarnos de nada más, y quedarnos en el statu quo, seguir nuestra propia vida, sin interesarnos por las dificultades que ellos atraviesan.

Sí, muchos son alegres y están felices con sus vidas en general. Pero eso no quita el hecho de las grandes problemáticas de movilidad, por ejemplo, o de la exclusión por la que tienen que pasar. Eso no quita su derecho a tener los mismos accesos, el libre movimiento, o la misma posibilidad de comunicación con la que todos los demás ciudadanos contamos.

Ayer, 3 de diciembre, fue el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, y uno de los principales objetivos de ese día, es precisamente hacer conciencia, terminar con la apatía y la indiferencia. Primero hay que hacer énfasis en el lenguaje, porque es importante: no son minusválidos, ni discapacitados, ni personas con capacidades diferentes, ni personas especiales. Son primero humanos, como todos nosotros, pero que tienen una condición (que no es enfermedad) llamada discapacidad. Son personas con mayores retos de movilidad o de comunicación. Por eso la forma correcta de referirse a ellos es “personas con discapacidad”. Pero no sólo se trata de quedarnos en el vocabulario adecuado, sino de llevar a cabo las acciones urgentes.

Es increíble que ciudades de nuestro país, como Monterrey, que se dicen de vanguardia, que compiten en el plano internacional, no cuenten con las adecuaciones necesarias para las personas con discapacidad. En escuelas, comercios, oficinas, y en la calle en general, se vuelve muy complicado para el movimiento o la comunicación de estas personas, quienes pierden su independencia y quedan fuera de los círculos sociales. Ojalá que las leyes sean más claras al respecto, pero sobre todo, ojalá que quienes toman decisiones de construcción, de diseño y de instalaciones en las ciudades, nunca más sean indiferentes ante las más de mil millones de personas con discapacidad que hay en el mundo, para que puedan llevar su alegría de manera más fácil, a todas partes.

APUNTE RELIGARE. La diócesis anglicana que corresponde a la ciudad de Vancouver, Canadá, tiene ahora nuevo liderazgo: se trata de una mujer (Melissa Skelton), quien será la nueva obispa de una zona que ha estado en el centro de la controversia desde que en 2003 se decidió darle la bendición a los matrimonios del mismo sexo, y ha apoyado a las mujeres, como vemos ahora, pero que ha tenido serias diferencias con líderes anglicanos conservadores. Lo cierto es que el tren de los derechos humanos dentro de las religiones va lento, pero no lo podrán detener. Enhorabuena.

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