¿Picardía mexicana en los mundiales?

Hubiera sido un gran error de la FIFA aplicar la sanción. Prohibir palabras no es un camino que funcione muy bien, si lo que se quiere es cambiar la cultura.

Después de la controversia que se generó por los gritos de los mexicanos hacia los porteros en los estadios de futbol, y de los casos concretos de aficionados mexicanos que han sido noticia en los mundiales, ya se ve a México como un país que provee parte del color y del sabor a los eventos internacionales más importantes. No por nada nos ha tocado organizar dos mundiales, además de que siempre vemos a un gran grupo de mexicanos festejando, gritando y bailando en cualquier certamen deportivo de relevancia global. El problema es que de pronto, en la celebración, se pueden confundir algunas cosas.

Por un lado, efectivamente, en el caso del grito a los porteros del equipo contrario, que ya la FIFA decidió no sancionar, estamos ante una forma inofensiva de presionar y que no tiene un fondo discriminatorio en el acto. Por eso hubiera sido un gran error de la FIFA aplicar la sanción. Prohibir palabras no es un camino que funcione muy bien, si lo que se quiere es cambiar la cultura. Además, éste no sería un caso ejemplar para dicho cambio, porque aquí estamos hablando de pura, inofensiva y divertida picardía mexicana.

Pero por otro lado tenemos la parte negativa. No son las palabras sino las actitudes y acciones. Orinarle a la Flama Eterna del Arco del Triunfo de París no es picardía mexicana, eso es un delito y es una vergüenza. Tirar la palanca de emergencia en el tren bala por primera vez en Japón tampoco es un chiste muy agradable. Ponerle sombrero de charro a la estatua de Nelson Mandela en Sudáfrica es una gran falta de respeto. Tirarse de un barco en altamar es una especie de suicidio, y una pérdida humana muy lamentable. Hacer trampa en un maratón internacional (como lo hizo Roberto Madrazo en Alemania) también es una gran vergüenza global. Eso no es parte de la picardía mexicana, es no tiene porqué definirnos, ésa es la cultura que debemos cambiar.

El problema no es tanto reírnos de algunas de esas situaciones (a veces es inevitable la risa), sino celebrarlas. Porque hay gente que incluso se siente orgullosa de ese tipo de comportamientos, y hasta patriotas se creen por hacerlo. En ocasiones hasta se grita “Viva México” en el momento en que llevan a cabo estas acciones. Ahí es donde está la confusión. Una cosa es la fiesta, los gritos, los cánticos en el estadio o los mexicanos caminando alegremente gritando y festejando en las calles de Brasil, y otra muy distinta los actos ilegales, las faltas de respeto. Eso último no es lo que nos debe caracterizar, eso no es ser un buen mexicano. La chispa, la picardía, el sabor que en parte definen a la cultura de nuestro país, se ven empañados con ese tipo de comportamientos y lamentablemente se mezclan causando confusión.

APUNTE RELIGARE.  Hablando de prohibiciones ilógicas, en Malasia el gobierno prohibió a los cristianos (y a los no musulmanes en general) el uso de la palabra “Alá”, que significa “Dios” en árabe. El argumento es tan simple como discriminatorio: esa palabra debe ser de uso exclusivo de los musulmanes, dicen. Lo cierto es que la palabra “Alá” se ha utilizado en Biblias, misas, ceremonias y todo tipo de documentos cristianos desde hace muchos siglos, y no debería ser exclusiva de una religión. Así como un musulmán puede decir la palabra “Dios” en cualquier contexto, o para referirse a algún pasaje del Corán, así también tendrían que poderlo hacer los cristianos sin ningún problema. Además, con toda seguridad, la gran mayoría de los musulmanes en el mundo estarían de acuerdo con permitirlo.

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