La PGR y las cosas buenas que parecen malas

En política la percepción (sea verdad o no) se vuelve muy fácilmente realidad.

Ante la ratificación de Arely Gómez como nueva titular de la Procuraduría General de la República se sigue debatiendo sobre el supuesto conflicto de interés que pudiera haber por su parentesco con Leopoldo Gómez, vicepresidente de Noticias de Televisa, en una época nada fácil para el Gobierno Federal en muchos ámbitos, pero sobre todo el de la confianza.

Es cierto: a la nueva procuradora habrá que juzgarla por su desempeño y no por su familia, ya una vez que inicie actividades. A ella habrá que criticarla según sus acciones y no por el hecho de ser hermana de alguien. El mismo Leopoldo Gómez escribió en estas páginas ayer que ni siquiera fue consultado por ella para aceptar el ofrecimiento del presidente Peña Nieto y estableció de forma clara, que cada quien tiene una trayectoria independiente y que no hay ni una sola prueba o dato duro que muestre alguna conexión profesional entre ellos, más allá del de sangre. Todos tienen el derecho a una identidad y a una vida propia, dice Leopoldo, y tiene razón.

Pero hay otra cuestión. Justo ayer durante su gira internacional, Enrique Peña Nieto aceptó que existe desconfianza e incredulidad en nuestro país, y no es para menos, si tomamos en cuenta situaciones lamentables como la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa o los varios escándalos mediáticos en los que se ha visto envuelto el mismo gobierno, así como las muchas manifestaciones de inconformidad que hemos presenciado en los últimos meses. 

Y es que, no cabe duda, en política la percepción (sea verdad o no) se vuelve muy fácilmente realidad. Por eso queda la pregunta, ¿por qué justo en estos momentos que vive el país, el gobierno decide proponer a Arely Gómez como procuradora? Es probable que haga un gran papel, puede ser que sea una mujer muy honorable, trabajadora y de una trayectoria impecable. Insisto, su trabajo habrá que juzgarlo ya una vez que inicie labores en la PGR. Pero, ¿no había nadie más que pudiera ocupar ese cargo? ¿Tenía que ser ella a fuerza? ¿Estratégicamente es la mejor decisión? Son preguntas.

Si las respuestas son afirmativas y Arely Gómez sí es la mejor persona para tomar la enorme responsabilidad que representa estar al frente de la Procuraduría, entonces vale la pena el costo en percepción, que desgraciadamente es altísimo sobre todo en estos momentos. Ojalá que el trabajo de Arely Gómez sea tan exitoso que logre mitigar las muchas críticas que seguirá habiendo. Ella tiene derecho a realizarse vocacionalmente independientemente de su familia, y la ciudadanía tiene derecho a exigir garantías de que haya absoluta transparencia y honestidad en la labor.

APUNTE RELIGARE. Durante estos días ha habido peticiones por parte de ciudadanos de Nuevo León, tanto del municipio de Monterrey como de San Pedro, para que retiren la publicidad gráfica de la obra de teatro Un corazón normal, estrenada en Estados Unidos desde 1985, escrita por el dramaturgo Larry Kramer y que aborda el tema del sida en la comunidad gay de Nueva York, así como el silencio y la ignorancia de la sociedad que resultaron ser factores clave para la desafortunada propagación de la enfermedad. Misma ignorancia que vemos hoy, 30 años después, en algunos grupos de la sociedad regia. Ignorancia que se convierte en una aversión infundada a cualquier expresión de amor de dos personas del mismo sexo. Los carteles en donde aparecen dos hombres besándose han causado la indignación de algunos, pero también hay que decirlo, la aclaración por parte de miembros del gobierno de San Pedro, que niegan haber solicitado el retiro de la publicidad, defendiendo así lo que la Constitución ya establece en la teoría y que protege como derecho fundamental de expresión para todos.

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