Mónica, la generación del colegio y el derecho a la vocación

En mi generación del colegio, las veces que nos juntamos, nos damos cuenta que cada quien está siguiendo su camino. Que cada uno busca y lleva a cabo su pasión.

Cuando una generación de colegio se reúne, aunque hayan pasado muchos años, es como si volvieran los tiempos de la infancia o adolescencia y la convivencia es muy especial. Así sucede cuando nos juntamos, muy de vez en cuando, los compañeros de la generación 91 del Colegio Montessori Sierra Madre. Mónica Salinas de Vergara era una integrante del grupo, y aunque hacía mucho tiempo que no teníamos contacto, ha sido muy doloroso saber que ha dejado este mundo. Ver a mis compañeras, sus amigas de toda la vida tan tristes, fue muy conmovedor.

Sabía poco de su vida en los últimos años, pero por lo que pude escuchar y ver cuando su familia y amigos la despidieron en la misa de cuerpo presente, Mónica siguió siendo una incansable deportista, generosa, alegre, gran ser humano. Así la recuerdo en aquellos años del colegio, siempre sonriente, activa, amable, buena amiga. De pronto, en un segundo, un tránsito ebrio cambió las cosas, la detuvo físicamente mientras ella hacía una de las actividades que más disfrutaba: el ciclismo. Una actividad sana, muy recomendable, que no solamente ayuda a las personas a ser más saludables, sino que además motiva la recuperación de espacios públicos para la ciudadanía, genera ambientes positivos, crea convivencia social y armoniza a las personas con la naturaleza, entre otras ventajas.

Recuerdo que en el Montessori siempre nos enseñaron a seguir nuestra vocación, a ser fieles a nuestras pasiones en la vida, y eso es lo que Mónica estaba haciendo en sus últimos momentos. Y más allá de la tristeza y el enojo que naturalmente genera su partida, también queda el impulso deportivo para la sociedad, queda la necesidad de hacer algo para ayudar a las personas que, como Mónica, quieren disfrutar de los lugares que nos pertenecen a todos, con seguridad y tranquilidad. Y no se trata de pedirlo, sino de exigirlo porque es un derecho.

En mi generación del colegio, las veces que nos juntamos, nos damos cuenta que cada quien está siguiendo su camino. Que cada uno busca y lleva a cabo su pasión. Lo mínimo que se puede esperar es que existan las condiciones para que se puedan realizar con tranquilidad. La práctica del deporte, el ciclismo, con todas las garantías de seguridad, debe ser una prioridad para los gobiernos, y más en una ciudad como Monterrey que ha sido tan poco amigable para quienes no van en coche. 

A Mónica se le extrañará. Pero como dijeron su padre y hermano durante la misa, ella deja una huella importante, y a ella le hubiera gustado que se siguiera luchando por tener esos espacios, seguros y tranquilos para los deportistas. Y la próxima vez que nos reunamos la generación, ahí va a estar Mónica Salinas con nosotros en espíritu inspirándonos a seguir nuestra pasión y a exigir nuestros derechos.

APUNTE RELIGARE. El papa Francisco dijo durante su viaje a Albania que nadie puede escudarse en Dios para cometer actos terroristas: “Que nadie tome la religión como pretexto para las propias acciones, contrarias a la dignidad del hombre y sus derechos fundamentales, en primer lugar el de la vida y el de la libertad religiosa de todos”. Hizo un reconocimiento al diálogo interreligioso y criticó fuertemente a quienes son capaces de matar por la “religión”. Y es que en realidad la esencia de la espiritualidad, cualquiera que ésta sea, tendría que constituirse precisamente como un camino de apertura, de empatía y de respeto hacia todo lo “otro”. Es exactamente lo contrario de lo que los terroristas proponen. Las ideas de los radicales, dice Francisco, no son religión, al menos no en esa acepción.

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