¿Ministerio de la felicidad?

Resulta que hay nuevas ocurrencias en Venezuela, uno de los países más surrealistas del mundo hoy en día. Y es que el presidente Nicolás Maduro decidió crear el Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo. Desde luego eso generó un caudal de críticas, réplicas y controversias varias. Por otra parte, después de algunos días, se anunció el decreto que crea una nueva efeméride en el país sudamericano: el “Día de la Lealtad y el Amor al Comandante Supremo Hugo Chávez y a la Patria”, que se va a celebrar todos los días 8 de diciembre a partir de este año.

En cuanto a la primera acción, la del Viceministerio de la Felicidad, en sí misma podría ser una muy buena idea. Las críticas en su contra, aquellas que se centran en denostar el hecho de que un gobierno pretenda velar por la felicidad de su pueblo, no tienen mucho sustento. El problema es que el presidente Maduro y su gobierno se están mordiendo la lengua, y lo están haciendo casi cínicamente. 

Qué bueno que los líderes políticos en este mundo realmente pensaran en la felicidad de los ciudadanos como la prioridad y como la brújula para llevar a cabo todos sus programas sociales, sus iniciativas, proyectos y propuestas de ley. La felicidad real, profunda, plena de la gente, debería ser siempre la meta final de todo gobierno. En ese sentido, crear una dependencia que se mantenga constantemente preocupada por esa noble tarea, sería de aplaudirse. El problema, de nuevo, viene con la incongruencia del caso venezolano. Pensar en un ministerio de la felicidad no está mal, pero pensarlo en Venezuela parece un chiste.

Irónico es que se esté hablando de felicidad, y al mismo tiempo se esté atentando contra la libertad de las personas, una de las dimensiones más importantes de esa felicidad. Contradictorio es que haya funcionarios de gobierno especializados en la felicidad del pueblo, y al mismo tiempo se decrete una fecha nacional para alabar a un personaje querido por la mitad de la gente, pero odiado por la otra parte del país, tratando de forzar una ideología, intentando educar al pueblo en un solo carril de pensamiento, sin apertura y sin un verdadero diálogo. 

Claro que se requiere disminuir la brecha entre ricos y pobres para que haya condiciones de felicidad. Desde luego que es importante generar desarrollo económico en Latinoamérica. Ese es un plano importantísimo que debe ver todo gobierno. 

Pero forzar la felicidad es una de las fórmulas más eficaces para generar infelicidad. Encerrar a las personas en la estructura de “un mundo feliz” es asfixiarlos con una droga intelectual que a largo plazo generará dolor. Otra cosa sería hacer disponibles los caminos de felicidad, en un contexto verdaderamente plural y democrático. Pero ésa no parece ser la meta del gobierno de Maduro.

APUNTE RELIGARE. En la religión del futbol hay fundamentalismos pero también hay visiones enfocadas en lo importante: el deporte y la mentalidad de equipo. Eso lo demostraron ayer los jóvenes de la Selección Mexicana, quienes nos dieron otra alegría al vencer a Argentina y pasar a la Final del Mundial Sub-17. Las preguntas que muchos nos hacemos son: ¿Dónde se rompe la magia? ¿Cuándo y por qué se acaba la actitud de grupo? Quizá la respuesta es que pasamos del deporte comprometido y en equipo, al vedetismo mediático y egoísta. Transitamos de la verdadera y genuina motivación por alcanzar los objetivos que a todos nos convienen, a una maquiavélica e interesada convicción que beneficia sólo a unos cuantos. Metáfora del país en general.

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