Legado: “Invertir, arriesgar y navegar con inteligencia”

Gracias a un excelente equipo de trabajo logró hacer de Cemex la tercera cementera global.

Persistencia, tolerancia al riesgo y tener la mejor administración posible y eso se logra —es muy importante— desarrollando al personal, desarrollando al grupo que gestiona la compañía”, es el consejo que Lorenzo Zambrano le daba a los empresarios, en una entrevista exclusiva que concedió a Bárbara Anderson para MILENIO Televisión.

Y esas fueron algunas de las claves del éxito de uno de los empresarios más importantes de nuestro país y del mundo.

Pensar más allá, invertir, arriesgar, navegar con inteligencia y tomar en cuenta el medio ambiente y la sociedad, son las dimensiones que hicieron de Zambrano un líder de gran importancia en la comunidad.

Después de tomar el mando de una empresa, ya de por sí exitosa en el plano local, Zambrano decidió pensar internacionalmente. Las fronteras nunca fueron un impedimento, y eso estuvo muy claro en la estrategia, que gracias a un excelente equipo de trabajo logró hacer de Cemex la tercera cementera global y consolidarse como una de las grandes empresas en Latinoamérica y el mundo.

Una visión global, que acoplaba el estilo regiomontano de hacer negocios con la cultura de los diferentes países en los que Cemex tiene participación, consiguieron un equilibrio que se reflejó en los resultados.

Pero el liderazgo no se puede quedar en el crecimiento y éxito de una empresa. Lorenzo Zambrano fue impulsor de la educación, cultura, arte y deporte, en Monterrey y en todo México.

Además de que fue un creyente en la responsabilidad social empresarial, como parte del núcleo de negocios y no solo como un “pendiente más”. Sabía que invertir en el medio ambiente y en la comunidad no era ya una simple opción o una dádiva, sino una responsabilidad que conviene a todos.

Aunque era un jefe estricto y de mucho trabajo, fue siempre un hombre sencillo, bueno y generoso. Creía en su equipo y tomó decisiones que no solo fueron buenas para su empresa, sino para la comunidad en general, aunque también es cierto que el costo muchas veces fue alto: por las largas horas de trabajo para él y su gente, por las épocas difíciles que pasó la empresa, por los obstáculos que se tuvieron que sortear.

Pero, sin duda, otra clave de su éxito fue la que lo mantuvo a flote: la pasión. Su vocación absoluta, clara y total por su trabajo y el contagio de la misma hacia los demás, logró que, aún en tiempo de vacas flacas, se pudiera seguir adelante sin perder la visión, sin dejar de invertir y creer en la gente, y sin dejar de arriesgar.

Descanse en paz un gran líder que se extrañará en Monterrey, México y el mundo, Lorenzo Zambrano.