¿ISIS no tiene nada que ver con religión?

Pero no basta con decir “todas las religiones tienen algo bueno y algo malo”

Desde el presidente Obama hasta los activistas musulmanes moderados, pasando por algunos académicos y comunicadores, han dicho que las atrocidades cometidas por la organización terrorista Estado Islámico (ISIS) no tienen nada que ver con el Islam, e incluso se asegura que quienes cometen semejantes crímenes, simplemente no son religiosos. Pero quizá sea todo lo contrario.

Como hemos dicho antes en este espacio, es cierto que la gran mayoría de los musulmanes en el mundo jamás cometería un asesinato en nombre de su religión. Pero también es verdad que para lograr que alguien se convierta en terrorista es muy necesaria precisamente la religión. Y es que sin una creencia metafísica, o sin un ser supremo que comande acciones a veces irracionales prometiendo premios increíbles para la vida después de la muerte, sería muy difícil convencer a alguien para que se dedique al terrorismo, para que odie con tanta intensidad a un grupo de personas, o para que mate a quienes no siguen las enseñanzas de su profeta. Es decir, aunque se requieren una serie de características para reclutar jóvenes en grupos como ISIS (identitarias, culturales, de clase), la más importante es, sin duda, la religión.

Y es que una buena lectura a los textos religiosos, y una comprensión de lo que originalmente, en el contexto histórico, se pretendía con las enseñanzas, nos muestra claramente que sí es posible interpretar el contenido en el sentido que lo hacen los terroristas, y no necesariamente como lo hacen los moderados. He ahí el peligro. 

Mientras los moderados no levanten la voz en masa y digan al unísono: “Vamos a dejar absolutamente clara la interpretación moderna de los textos, evolucionando institucionalmente a favor de la razón y de la ciencia”, los fundamentalistas seguirán teniendo carne de cañón para hacer y deshacer a su gusto.

ISIS tiene que ver completamente con la religión, no con la espiritualidad. Y es que una cosa es la esencia espiritual de las enseñanzas, que por cierto no es exclusiva de la religión, y otra muy distinta la religiosidad al pie de la letra que ha causado mucho sufrimiento a lo largo de la historia, como el caso de ISIS. Pero no basta con decir “todas las religiones tienen algo bueno y algo malo”. No. Es de vital importancia, ahora más que nunca, señalar los aspectos intrínsecos de la religión que son sumamente nocivos para la humanidad y que son los que pregona ISIS. Y sobre todo dejar muy claro, por parte de las mismas religiones, que ahí donde la ciencia ya se ha adelantado a dar explicaciones del universo, ahí no caben ya los dogmas y las “realidades” metafísicas que venden las tradiciones.

APUNTE RELIGARE. “Los coptos asesinados en Egipto murieron sólo por ser cristianos” dijo el papa Francisco ayer. Eso, aunado al fanatismo religioso musulmán, claro. Ese mismo que, por cierto, también existió en el cristianismo de manera generalizada en el pasado, y sigue existiendo de forma específica en algunos lugares. Y es que como decíamos al hablar del ISIS, la combinación de religión con algunos factores socioeconómicos y culturales puede ser letal. El respeto a todas las formas de creencias, a todas las religiones y no religiones se tambalea en el momento en el que dichas creencias se absolutizan. Y el problema de la religión es que, casi por definición, es de corte absolutista y exclusivista. No sólo eso, sino que además, también por definición, es revelada por un ser supremo al que no se le puede cuestionar nada. Con esa estructura de ideas el caldo de cultivo para la violencia no hace más que incrementar. La confrontación contra “otras” religiones que también aseguran poseer la verdad absoluta es prácticamente inevitable, y entonces suceden tragedias como la de los coptos en Egipto.

hectordiego@gmail.com

http://twitter.com/@hectordiego