Big Bang y religión

Los hallazgos científicos y astronómicos como éste del Big Bang, tumban muchos de los pasajes y escritos religiosos del pasado, en su dimensión empírica.

La detección hace un par de semanas de las ondas expansivas del primer instante del universo, que representan un espaldarazo definitivo a la teoría conocida como “inflación” y que completa la teoría del Big Bang, o del inicio del cosmos, ha generado una discusión interesante, entre religiosos y científicos, e incluso ha causado también desacuerdos entre los religiosos. Y es que para algunos grupos de creacionistas, el hallazgo es una confirmación de la existencia de Dios, mientras que para otros, sobre todo en círculos científicos, es prueba suficiente de que no es necesaria la intervención de ningún ser para la formación de todo cuanto conocemos.

El que haya evidencia de momentos de rápida expansión del universo pudiera probar que no siempre había existido éste, como se ha dicho, sino que simplemente, y de la nada, apareció. Esto se utiliza en algunos casos como argumento de la existencia de una causa generadora del cosmos. Dicha causa sería Dios, según los creacionistas. Pero la mayoría de los científicos insisten en que la causa de dicha expansión, no tiene que ser inteligente o que simplemente, como decíamos, no es prueba suficiente para la existencia de un Ser Supremo. Y en círculos religiosos, por otro lado, no se discute la existencia de Dios, sino su participación (si es que se le puede llamar así) en el desarrollo y expansión del universo.

Sea como fuere, la discusión, aunque interesante, está en dos idiomas muy distintos. Es verdad que las comprobaciones o los hallazgos científicos y astronómicos como éste del Big Bang, tumban muchos de los pasajes y escritos religiosos del pasado, en su dimensión empírica. Pero también es cierto que cada vez más nos damos cuenta que en lugar de contradecirse, las versiones (la religiosa y la científica) se complementan. En el momento en que aceptamos que la mayor parte de los textos religiosos están escritos en diferentes géneros literarios, en códigos que apuntan a una verdad espiritual y no científica, dejamos de verlos como brújula de la realidad empírica, y los asumimos como una herramienta de entendimiento humano en su dimensión experiencial. Los descubrimientos de la ciencia, entonces, nos sirven para asombrarnos ante la vastedad del espacio, y lo complejo del “todo”, por lo que complementan lo religioso.

Los mismos científicos estarán de acuerdo en que entre más novedades encuentran, más falta por saber, y más nos vemos pequeños ante todo cuanto hay, necesitando entonces de esas otras verdades espirituales que nos complementan y nos acercan más a la plenitud que tanto buscamos. Por un lado tenemos las realidades físicas, observables, definibles, y por otro las verdades espirituales, que se entienden sobre todo por la experiencia personal y comunitaria.

APUNTE RELIGARE. Desde hace tres semanas la nueva serie Cosmos ha cautivado a millones de personas en todo el mundo. Y es que Neil DeGrasse Tyson, discípulo del célebre astrónomo y divulgador Carl Sagan, ha logrado revivir la pasión por la ciencia entre quienes disfrutamos el tema pero que no somos científicos. Con sólo ver un capítulo de Cosmos hacemos un viaje al espacio, tanto exterior como interior, y ponemos en perspectiva la vida en general. Comprender los avances en materia astronómica nos permite vernos a nosotros mismos como seres humanos, en nuestra justa dimensión: somos recién llegados en el universo, y al mismo tiempo somos ese universo consciente de sí mismo. Vale mucho la pena ver Cosmos, es una terapia de asombro, pero sobre todo de humildad.

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