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Los villanos de moda

Durante los últimos años, la escuela y sus principales actores se han visto irremediablemente involucrados en una serie de críticas pedagógicas, sociales y políticas, que para beneficio de todos han reorientado la actividad formadora de docentes, estudiantes y padres de familia. Si bien, hoy nos queda claro que las fallas de la escuela van desde el autoritarismo, el centralismo y la idea obtusa de que su principal función es transmitir conocimientos, más que asegurar la comprensión y aplicación o uso activo del conocimiento, también es cierto que ha crecido de modo desmedido una perversa racionalidad basada en la excelencia, las competencias y la acreditación que excluye todo tipo de sentimiento utópico, crítico y de compromiso político, que se supone toda pedagogía debe portar.

Los profesores reflexivos son figuras que alcanzan a vislumbrar horizontes y materializar cambios en una época en la que predomina una concepción educativa de mercado y la formación de “profesionales” se vende como un mero producto de prestigio social, sin contar con las competencias básicas de un perfil digno de egreso. Las universidades –especialmente algunas privadas- parecen imitar el principio de todo espectáculo proporcionando a ultranza al cliente lo que pida, por ello la figura de los profesores nos recuerdan que el individuo, aunque importante, no es la única variable en el aprendizaje. Su historia personal, su clase social y consecuentemente sus oportunidades laborales, profesionales, económicas, su época histórica y las herramientas que tenga a su disposición, todas ellas no sólo apoyarán el aprendizaje, sino que serán parte integral de él.

En tiempos donde el bombardeo propagandístico y la estrategia mediática de los medios de comunicación han convertido a los maestros en los villanos de moda, la gran mayoría de educadores parecen haber desarrollado una amnesia selectiva, pues “olvidan” las responsabilidades de un régimen político, ideológico y socio-cultural que ha bloqueado, abusado y reprimido por décadas, el acceso a un sistema educativo de calidad a millones de estudiantes y profesores. Tales “villanos” alzan la voz de una nación despedazada y representan la consciencia cultural contra los histéricos, crédulos, desmemoriados y acríticos. Cualquiera que haya sido profesor por vocación y haya trabajado en espacios que enferman, desgastan y no contribuyen al crecimiento de nuestro plan de vida y carrera, sabe que lo único seguro en algunas instituciones educativas es la incertidumbre.

Cuando se trata a los estudiantes como materia prima y lo único importante resulta la retención de la matrícula, la enseñanza se reduce a un mero negocio. Cuando los procesos de enseñanza-aprendizaje se limitan a una transacción de marketing educativo y los profesores no problematizan, ni forman a sus estudiantes con rigurosidad, exigencia ni compromiso en una disciplina, se convierten en cómplices y siervos de una farsa que tiene precio, creando estudiantes “barracudas” que increíblemente se perciben “encerrados” en sus J-aulas, demandando un conocimiento fácil, recetista y eminentemente técnico, que jamás cuestionará ni modificará la desigualdad social.

Twitter: @HectorCerezoH