Psi y que

Yo Mirrey y sociópata

Hace unos días, otra noticia de los abusos cometidos por mirreyes y juniors ha sacudido a la opinión pública. Las onerosas marcas de autos y ropa, la enorme cantidad de dinero despilfarrado en antros, bebidas alcohólicas y en exorbitantes colegiaturas que supuestamente pagan para “formarse”, resultan inversamente proporcionales a la vulgaridad de sus actos antisociales, a la cosificación de la figura femenina y a la bajeza con la que toman decisiones como simples marionetas víctimas de sus emociones. Su mente no es, a diferencia del resto de las personas sanas, ni un lugar enorme, ni fantástico y menos aún, pletórico de colores.

El violador y el sociópata comparten elementos comunes; ambos muestran cierto desprecio hacia la figura femenina, ya que consideran a la mujer como instrumento de satisfacción, lo cual aunado a la presencia de consumo de alcohol y drogas, escaladas de poder, corrupción, impunidad y dinámicas familiares disfuncionales, generan hijos tiranos que no conocen límites racionales y para los cuales el delito es una simple extensión de sus fantasías. Antes considerábamos que el sociópata debía cumplir una historia infantil asociada al maltrato. Hoy asistimos a la preponderancia de pautas histórico-culturales sexistas de corte patriarcal que mantienen y favorecen la superioridad masculina y la subordinación femenina. Y por ello, estos sujetos podrían encajar en un perfil psicopático o antisocial, sin embargo, comprenden perfectamente la criminalidad de sus actos.

Más bien, sus actos proyectan las consecuencias de la ausencia del ejercicio de la palabra “NO” en su crianza personal, de la ausencia de límites, de la complicidad de sus padres al reforzar su comportamiento banal. Sus conductas asumen una de las formas más extremas de violencia y de cosificación hacia las personas. El mensaje psicológico implícito que nos envían al cometer sus delitos es múltiple: “somos privilegiados”, “gozamos la impunidad”, “no hay consecuencias” y “la mujer no tiene derecho a sentir, ni a tener opiniones y decisiones válidas”. No son “pendejadas” de jóvenes desorientados, son criminales por convicción; aplican la violencia y el poder guiados por su voluntad. Las mujeres que deciden relacionarse con semejantes mirreyes deben tener muy claro no puede soslayarse su responsabilidad, pues se prestan a su juego perverso. No olvidemos que en la mente del violador habita una sed incansable por atestiguar el sufrimiento de su víctima y son absolutamente incapaces de sentir el dolor de los demás.

Twitter: @HectorCerezoH