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La erosión de la profesión docente


Las universidades mexicanas viven transiciones complejas que impactan sobre el pensamiento, praxis y rumbos didácticos del profesorado. La progresiva masificación, las reformas educativas estructurales, la incertidumbre en cuanto a la permanencia y seguridad de los puestos como profesor-investigador, la incorporación de tecnologías de la información, la necesaria innovación pedagógica, la obligada modernización y eficiencia requerida por el mercado, la acreditación, las eternas limitantes presupuestales, directivos símiles de gerentes y/o coaches rígidos, utilitaristas y "duros", la tiránica evaluación del desempeño docente, las pésimas condiciones de contratación de investigadores y la heterogeneidad del alumnado; son sólo algunos de los innumerables retos que demandan decisiones complejas todos los días en cada aula.

En la educación superior, es común suponer que los profesores, por ser expertos en sus disciplinas, cuentan con los elementos didácticos para enseñarla. No obstante la formación disciplinaria no equivale a formación pedagógica y a veces ni siquiera la formación ex profeso para la docencia resulta suficiente para enfrentarse a los complejos procesos enseñanza-aprendizaje. Otra idea común, es que la docencia es una actividad poco compleja; una pseudoprofesión relegada a actividades secundarias, poniendo en tela de juicio la calidad de la misma. Condiciones como la sobrecarga de trabajo, la docencia ejercida en múltiples instituciones para completar un ingreso digno y la nula preocupación institucional por los planes de vida y carrera de los profesores, disminuyen las relaciones interpersonales, convirtiéndolas en anónimas, transitorias y superficiales.

La sobrecarga de trabajo crónica provoca también una disminución de la calidad del servicio educativo, dado que es necesario recurrir a atajos para ahorrar tiempo. La erosión de nuestra profesión docente incluye la pérdida de estatus y reconocimiento de la profesión, su desprofesionalización y un proceso laboral cada vez más parecido al ejecutado en fábricas y oficinas. Los profesores de las universidades han llegado al colmo de dedicar más tiempo a trabajos burocráticos y de documentación que a la docencia misma, robándole valioso tiempo a las actividades nucleares de un profesor universitario; la investigación y la enseñanza y, por ello los docentes han desarrollado la certera sensación de que las instituciones se han hecho "codiciosas" y exigen más sin preocuparse en absoluto, por los seres humanos que trabajan en ellas. El estrés y la alienación del profesorado nunca han sido tan grandes, a juzgar por las enfermedades relacionadas con el trabajoy por el número de personas que abandonan la docencia o que planean abandonarla. Mi experiencia como investigador de la docencia, muestra que las condiciones socioculturales, administrativas, organizacionales, políticas materiales y situacionales del contexto universitario en el que se desenvuelven los profesores, matizan sus concepciones sobre la enseñanza e influyen en las metas que persiguen, en las características que tiene su saber y su práctica pedagógica. Se exige mucho del profesorado en términos de responsabilidad y trabajo diario y, a cambio, las instituciones ofrecen muy poco tiempo, espacios y oportunidades para la planeación, la discusión constructiva, la reflexión, las compensaciones dignas y tiempos para reponerse.

Twitter: @HectorCerezoH