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Más empleos… Menos suicidios

El grueso de la población considera erróneamente que las enfermedades mentales no se asocian a un riesgo de muerte, sino más bien a un malestar emocional más o menos soportable. Sin embargo, el desempleo, la depresión y el suicidio son una triada que invariablemente coquetean y que generan un severo impacto en la salud pública de los países desarrollados. A pesar de ello, las economías neoliberales le susurran a los trabajadores un anestésico mensaje: “La realidad no es buena, tampoco es mala, simplemente es. Tu única tarea es aceptarla según tus recursos y preferencias. Ahórrate el esfuerzo de comprenderla y transformarla”. El resultado de semejante despolitización; un mundo sin alternativas y un pensamiento frívolo que no empatiza ante el aumento alarmante de la pobreza y el detrimento de la salud mental por motivos ocupacionales.

Es probable que el desempleo prevalente a nivel global también produzca suicidios del mismo modo que Apple produce Iphones o Sony pantallas de plasma; con la única diferencia de que los suicidas no pueden venderse.

La vida humana en un contexto financiero se vuelve un simple negocio; muy al estilo de aquel ex presidente -el gran “filósofo” con botas-quién afirmó contundente que todo mundo podía auto-emplearse y ser feliz construyendo un changarro y comprando un vochito. Suponíamos que el desempleo era sólo un factor asociado a la depresión y suicidio. No obstante, la realidad nos aplastó y cada año asistimos al suicidio de 800 mil personas en todo el mundo. En México, según el Inegi tan sólo en el año 2012 se registraron cinco mil 549 suicidios oficiales y en los últimos 30 años, el índice de personas que se quitaron la vida aumentó en un 300 por ciento.

Lamentablemente, los prejuicios en torno al suicida no ayudan a entender la relación con el desempleo, pues se le explica como la consecuencia de una “locura” estrictamente personal o peor aún, como un acto de cobardía. Al respecto, una investigación publicada en marzo de este año en la Revista Médica The Lancet Psichiatry, por especialistas de la Universidad de Zúrich, reveló que una importante causa del suicidio es el desempleo. El estudio realizado por los psiquiatras Nordt, Warnke, Seifritz y Kawohl incluyó 63 países agrupados en cuatro regiones geográficas y analizó el cruce de datos provenientes de las causas de muertes reportadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como las tasas de desempleo proporcionadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y mediante el uso de modelos estadísticos, se demostró que existe una correlación positiva entre las tasas de desempleo y las tasas de suicidio. En otras palabras, cuando aumenta la primera variable, también lo hace la segunda en todas las regiones del mundo.

La pregunta clave que responde el estudio es ¿cuántos suicidios pueden atribuirse o estar motivados por el desempleo? La respuesta es preocupante; uno de cada cinco. La cuestión pendiente es ¿por qué los gobiernos y políticos mexicanos a pesar de semejantes hallazgos, siguen soslayando la atención a la salud mental destinándole sólo un 2% del presupuesto total y enmarcan a las enfermedades emocionales como un asunto individual y no vinculado al contexto socio-histórico?

Twitter: @HectorCerezoH