Psi y que

De la emoción a la lesión

¿Recuerdas la última vez que te enojaste intensamente? ¿Qué generó ese enojo? ¿Cómo te sentiste? ¿Cómo lo resolviste? ¿Aún sigues enojado? ¿Sabías que cuando te enojaste elevaste hasta tres mil veces los riesgos a tu salud?

La psicología popular ha divulgado la idea de que la ira y el enojo son monstruos a los que hay que domesticar. Lo cierto es que las emociones de furia son paradójicamente normales e incluso hasta necesarias, pues las activamos ante situaciones de amenaza, ataque, miedo, frustración o daño. Indudablemente, el enojo y la ira pueden llegar al límite de convertirse en emociones destructivas si se sienten con frecuencia e intensidad inusitada o sí se expresan de manera inapropiada; lastimándonos o lastimando a otros.

Una emoción es un proceso psicofisiológico, una reacción súbita y brusca que se acompaña de cambios orgánicos, fisiológicos y endocrinos, que involucra un conjunto de cogniciones, actitudes y creencias sobre el mundo. Así también, una emoción ocasiona cambios faciales en el rostro, en las posturas corporales y en la asociación de imágenes, creencias, significados e interpretaciones que la persona le otorga a nivel mental.

A nivel fisiológico, el enojo provoca que tu corazón bombee más sangre con mayor rapidez y la envíe a los músculos de tu cuerpo por si hay necesidad de correr o defenderse. También se producen más plaquetas y se pone en marcha el sistema inmunológico por si se genera alguna herida en tu cuerpo. Así también, se provoca fatiga y hambre, las células cargadas de los lípidos liberarán grasa en tu flujo sanguíneo, las paredes de las arterias se deteriorarán levemente y la grasa acumulada se transformará en colesterol nocivo ¿Suficiente o continuamos? A nivel psicológico, el enojo alterará tu atención y concentración, se activarán o desactivarán ciertas redes neuronales relevantes en el pensamiento y memoria, por lo que algunos recuerdos se intensificarán o provocarán que lamentablemente algunas imágenes, sonidos, olores y sensaciones no los puedas olvidar o procesar de una forma más sana.

¿Después de enojarte no tenías ganas de hacer ciertas cosas o literalmente te sentiste terriblemente fatigado, sin deseos y sin voluntad? Ello se debió a la influencia del enojo en tu motivación ¿Intentaste escribir, leer o resolver un problema personal o familiar inmediatamente después de haberte enojado? ¿Fue difícil? Nuevamente, el enojo influyó en tu aprendizaje y en tu capacidad para almacenar información.

Aprende a enojarte. Los momentos de felicidad, un diálogo inteligente, la risa y en especial el enamoramiento, los besos, el ejercicio y la práctica responsable de tu erotismo y sexualidad generarán “micro-reparadores” que hasta donde sabemos parecen ser un buen contrapeso ante el enojo. Recuerda que no hay un tipo de maltrato más doloroso, que aquel que uno mismo se causa. No olvides protegerte de ti mismo.

Twitter: @HectorCerezoH